Pictografías

Pictografías

Las pictografías, llamadas también pinturas, son dibujos que se realizaban igualmente sobre planchones de afloramientos rocosos o bloques aislados, pero, a diferencia de los petroglifos, se obtenían mediante la adición al soporte de materias colorantes. Aunque las pictografías mejor conservadas se encuentran en aleros rocosos y cuevas, que las protegen de la acción de la intemperie, la preservación de este tipo de arte rupestre se debe, en buena medida, a la calidad de los pigmentos y aglutinantes empleados. Usualmente, el material pigmentario consistía en manganeso o carbón para el negro, diferentes óxidos de hierro para los rojos y amarillos, óxidos de cobre para los verdes y azules, y diversas mezclas o preparaciones de calcio o magnesio para el blanco imagen 5. Imagen 4. Puesto que no siempre la materia prima necesaria estaba disponible en el lugar, el tráfico e intercambio de estas sustancias parece haber sido una actividad frecuente durante la prehistoria. El ocre fue uno de los materiales más preciados. Este óxido de hierro viene en una variedad de colores, desde el amarillo pálido hasta el café rojizo oscuro, pasando por toda la gama de los rojos imagen 1. Las pictografías más sencillas, sin embargo, se hacían con barro o con trozos de carbón vegetal a modo de lápices.

Para producir pigmentos, los pintores debían primero moler la materia prima, fuese ésta de origen mineral, vegetal o animal. Luego la mezclaban con alguna sustancia líquida, formando una suspensión que asegurase fluidez en la aplicación. El aglutinante podía ser albúmina (huevos), aceite, grasa, savia de plantas, sangre, saliva, orina, incluso agua. La mezcla era aplicada en la roca directamente con los dedos imagen 2, o bien, usando diversos instrumentos, tales como plumas, ramitas, astillas de hueso y manojos de pelo animal en forma de hisopos o pinceles imagen 3. Es posible que la aplicación de la pintura requiriera humedecer la superficie de la roca previamente.

Un tipo especial de pictografía era el, que consistía en escupir o soplar a través de un tubo la suspensión pigmentaria sobre un objeto, produciendo una imagen en negativo de su contorno imagen 6. Otra técnica bastante común era untar el objeto en esta suspensión y estamparlo en la roca para obtener una silueta. Las improntas de manos en negativo y positivo, tan frecuentes alrededor del mundo, se hicieron con una de estas dos técnicas. La Cueva de las Manos, en Patagonia, es uno de los mejores ejemplos en el continente americano.

 
 
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