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Yves Sioui, pionero del arte indígena: “Cada sociedad moderna debe enfrentar su historia colonial”

En el lanzamiento del Festival Internacional de Cine Arica Nativa, el jueves 2 de noviembre a las 20 horas en el Museo Precolombino, el performer, actor, dramaturgo, director y cineasta Yves Sioui Durand presentará su película Mesnak, reconocida con el Gran Premio de las Artes del Gobernador General de Canadá.

En sus más de 30 años de carrera, Yves Sioui Durand se ha convertido en un pionero en teatro indígena contemporáneo, al fundar en 1985 la compañía de teatro Ondinnok, primera compañía indígena profesional de la provincia de Quebec.

¿Qué te inspiró para crear Ondinnok?

No me había decidido a hacer teatro. Para mí, el año 1985 fue la búsqueda de una visión, un modo de afirmar mi identidad nativa. En esa época era un teatro muy premonitorio. Yo ya había denunciado la colonización, la toma de las tierras y la violación a nuestra cultura. Fundamos la compañía y escogimos para nombrarla la palabra arcaica Ondinnok, de mi lenguaje ancestral el wendat. Fue después de algunos años que descubrimos que la palaba en sí misma nos había elegido a nosotros. Ondinnok o Ondinot o Hotinot es un concepto muy profundo y espiritual que significa “revelar el secreto del alma” y es también una ceremonia curativa que trae al teatro sagrado señales de madera.

¿Cuál considerarías es la particularidad del teatro indígena? ¿Por qué es necesario?

El teatro indígena contemporáneo, que comenzó en 1982, es una reapropiación global de nuestra cultura nativa. Es donde también todos los diversos temas nativos son tratados y actúan como parte de la resistencia cultural. La raíz del teatro indígena está en nuestras culturas y sociedades precolombinas por toda América. Es una forma de reconectar con la esencia de la cultura y de denunciar los efectos del colonialismo y la injusticia histórica. El teatro indígena también le da al público la posibilidad de experimentar y vivir un destello de quienes somos fuera del prejuicio social.

¿Cómo ha sido la experiencia de llevar el teatro de Quebec a las comunidades indígenas?

La compañía ha existido por 33 años y hemos hecho mucho por revelar las diferentes problemáticas y por tratar de responder a las necesidades de nuestras comunidades. Sólo en Quebec existen once primeras naciones, cada una de ellas muy rica y diferente en muchos aspectos culturales. Entre 1995 y 1998 trabajamos en la comunidad de Manawan, respondiendo a su llamado de superar la violencia social interna. En ese periodo desarrollamos un teatro sanador junto a ellos. Aprendimos muchísimo a través de esta experiencia muy intensa, logrando reconectarnos con una de las mayores funciones del teatro indígena: el poder sanar.

¿Qué es lo que más destacarías de tu película Mesnak?

Mesnak (significa tortuga, en la lengua Innu) es la primera película de ficción co-escrita y dirigida por un director indígena en la historia del cine de Quebec. Significa muchísimo. Fue un tremendo esfuerzo poder convencer a las instituciones que apoyan la industria del cine para poder llevarla a cabo, nos tomó siete años hacerla. La película es una metáfora moderna del conflicto identitario que vivieron muchos nativos debido a las presiones por asimilarse y la enajenación social. También es una adaptación al cine de Hamlet, es una apropiación de la trama de la obra de teatro para contar la historia de un joven que busca a su madre, quién lo abandonó. La película es sobre la adopción, el rechazo y el miedo a perder el amor en un mundo corrupto. Mesnak fue premonitoria, vislumbró  una herida profunda en nuestras comunidades indígenas antes de la revelación de los abusos ocurridos en los colegios internados señalados en la Comisión de Verdad y Reconciliación en 2015. La película ha sido vista en 27 festivales en el mundo y aún continúa siendo exhibida. Recibió el premio a Mejor Actor, Mejor Actriz, Mejor Película y Mejor Dirección en Santa Fe y en el Festival de Cine Indígena de San Francisco.

¿Cómo fue recibida Mesnak por las comunidades indígenas de Canadá?

Sé de las comunidades en Quebec y algunas en los Estados Unidos. En el caso de Quebec, las comunidades Innu de Maliotenam (donde filmamos), fue un shock. Algunas de las personas se reconocieron en personajes de las historias o en la trama misma, otros quedaron muy conmovidos por las audaces revelaciones que fueron expuestas en la película. Lo que a mí más me toca es que la película continúa, tras el paso de los años, realizando su trabajo en la conciencia de las personas. Es bueno volver a verla para obtener significados más profundos. También, fue muy conmovedor para mí por el hecho que los nativos de los Estados Unidos se reconocieran en la película. Decían “¡es una película real!”, porque no escapa del drama.

En tu última obra, A world that Comes to an End – Lola, ¿qué aprendiste y qué trataste de transmitir sobre los indígenas de Tierra del Fuego?

Hemos aprendido muchísimo y todavía nos queda mucho por aprender, porque la historia del genocidio y la sobrevivencia de los indígenas de Tierra del Fuego era totalmente desconocida para nosotros en el norte. En 1965, la antropóloga Anne Chapman conoció a Lola Kiepja y a Angela Loij en la reserva del Lago Fagnago, Argentina. En ese periodo se decía que había solo trece sobrevivientes Selk’nam vivos. Una cosa que aprendimos es que todos los nativos de América somos iguales, que estamos todos unidos a nuestros ancestros al compartir nuestra concepción espiritual del mundo. Por ejemplo: algunos de los indígenas viviendo en la costa este del Océano Atlántico tienen el concepto de waban, los Selk’nam tienen el mismo concepto (pémaulk), que significa la luz blanca antes del amanecer. Esta luz se forma por el alma de nuestros ancestros que esperan renacer. La obra en sí misma era una transmisión de la memoria, de las raíces profundas de la violencia hacia las mujeres y la naturaleza en América y la reconstrucción de la tesis del racismo, que fundó el colonialismo y la superioridad racial.

¿Crees que hay una relación entre el arte chileno y los indígenas? ¿Se está en deuda con ellos?

Es una pregunta delicada. El reconocimiento de las Naciones Unidas en los derechos de los pueblos indígenas y sus culturas es algo que se debería relevar en futuras relaciones entre ellos y los estados americanos. Si ven la política canadiense, el actual gobierno ha reconocido los errores de la colonia en la asimilación y la extinción cultural de los pueblos originarios. El hecho es que somos los indígenas de América, fuimos civilizaciones y fuimos dueños de la tierra. Cada sociedad moderna deberá enfrentar su historia colonial y el descubrimiento de la verdad será doloroso, pero después del paso de la reparación, viene la reconciliación. La identidad del estado actual como Canadá o Chile necesitan ser redefinidas para incluir a las naciones indígenas en el nacimiento de este estado. El proceso de reconocimiento va a enriquecer a la sociedad moderna y abrirá el futuro con sanidad. En términos del arte, muchos artistas chilenos de todas las generaciones han cuestionado la identidad del Estado y su propia identidad como chilenos buscando legitimidad. La sola presencia de naciones indígenas como la mapuche cuestiona a la concepción de la sociedad e individualidad chilena. La negación no ha llevado más que a mentiras culturales.

¿Cuál es tu impresión sobre los problemas de los indígenas latinoamericanos y como el arte podría ayudar a mediar?

Los problemas son inmensos, pero no sin soluciones. Primero está la violencia en contra de las naciones indígenas, la violencia hacia las mujeres, hombres y niños que es gatillada por el racismo básico. La ignorancia es el más grande de nuestros problemas, mantener a la población general en ignorancia contribuye a legitimar la violencia contra nuestros pueblos originarios. El otro gran problema es que muchos de los Estados americanos del norte y del sur ven a los indígenas como ajenos, inferiores o peligrosos al concepto de la identidad de la nación. Tomemos el ejemplo de Guatemala y los maya; el origen de la violencia contra sus comunidades es la negación a reconocer la continuidad entre el pasado mesoamericano y los legítimos descendientes actuales, siendo una de las naciones más ricas e importantes de América. Tratar de mantener la identidad nacional en esta mirada de la conquista de los españoles es un futuro imposible y contrae muchísimo sufrimiento inútil para cada individuo en esta sociedad. El reconocimiento y la reconstrucción de la diversidad de las sociedades maya darán un sentido real a la identidad nacional de Guatemala y traerá enriquecimiento y paz. Ahora, la pregunta es cuál será el primer país en América en redefinir su identidad nacional con la inclusión de sus pueblos indígenas. ¡Eso cambiaría el mundo para mejor!

¿Cómo crees que el arte puede contribuir a la reconstrucción de la cultura indígena?

Las prácticas artísticas revelan la esencia de la cultura. En nuestras sociedades nativas, la expresión del arte esta interrelacionada con nuestra espiritualidad, con todos los objetos, con cada tatuaje, con la vida diaria. La expresión de las formas de arte toma lugar en la arquitectura, los rituales y las ceremonias. Necesitamos admitir que hemos sido colonizados y cristianizados y que  con ello hemos perdido mucho. Reconstrucción significa reapropiarse de lo que había antes y redefinir o inventar desde lo nuevo. También es poder confiar en nuestro poder de intuición. Tenemos que aprender de nuevo cómo soñar, tenemos que reclamar el derecho a estudiar lo que está en las grandes colecciones de los museos precolombinos, necesitamos conservar nuestro conocimiento ancestral, pero tenemos que trabajar en los derechos, la sanación y el progreso de nuestra gente. El arte trae el dialogo entre la percepción individual y la colectiva.

 

Pionero del arte indígena: Yves Sioui en el Precolombino

Jueves 2 de noviembre | 20:00 hrs.

Museo Chileno de Arte Precolombino (Bandera 361, Santiago)

Entrada liberada | Ingreso por orden de llegada hasta completar capacidad

 

Texto: Oriana Miranda y Paulina Roblero.