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El vínculo de Violeta Parra con la cultura mapuche

Violeta Parra nació hace cien años en San Carlos, comuna de la actual provincia del Ñuble en la región del Biobío. Pero entre 1921 y 1927 vivió junto a sus padres y sus hermanos en la lluviosa ciudad de Lautaro, en la región de La Araucanía, en una casa naranja desteñido, con una puerta enorme y grandes ventanas alargadas con barrotes de fierro.

En Lautaro, Violeta aprendió a tocar la guitarra y pocos años después, en Chillán, comenzó a componer. Tres décadas más tarde y en medio de su recopilación del canto del centro sur de Chile, la artista volvió a La Araucanía, donde visitó durante un mes a la machi María Painen en Millelche.

En 1958 Violeta viajó varias veces a Lautaro. En ese tránsito, fueron realizadas una serie de grabaciones junto a seis cantoras y un cantor mapuche. En total, la artista registró cuarenta cantos en mapudungun de ochenta minutos de duración, guardados en la Mediateca de la Facultad de Artes de la Universidad de Chile. La transcripción, traducción y análisis de esos audios se encuentra en el libro Violeta Parra en el Wallmapu. Su encuentro con el canto mapuche de las académicas Paula Miranda, Elisa Loncon y Allison Ramay, publicado este año.

“Hasta hace poco se creía que la Violeta se dedicó más a recopilar y a aprender cantos campesinos, canto a lo poeta, cuecas y tonadas, pero ahora último con el descubrimiento de las cintas que ella había grabado el año 58 se sabe que no sólo investigó la cultura y la música campesina, sino que también la música mapuche. Esto influenció en su rítmica y en la temática de sus canciones. Composiciones como El gavilán y El Guillatún muestran no solo los ritmos mapuche y la manera de sentir la música mapuche sino también sus temáticas, sus letras y su poesía”, expresa Claudio Mercado, jefe del área de Patrimonio Inmaterial del Museo Precolombino.

“No hay muchas grabaciones antiguas de música mapuche y ella fue una de las que las hizo. Eso es fundamental para nosotros como Museo Precolombino”, concluye.

Texto: Oriana Miranda.

Foto: Fundación Violeta Parra y Fundación Museo Violeta Parra.