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Polimnia Sepúlveda, ceramista: “Gabriela Mistral me ha acompañado”


Te invitamos a participar en la conversación y recorrido por la muestra Sobre rondas y un poema: Tres murales de cerámica, con la ceramista Polimnia Sepúlveda. Inscríbete AQUÍ
Los encuentros se realizarán de forma gratuita en el Museo Chileno de Arte Precolombino, el jueves 19 y martes 24 de julio a las 19 horas.


Polimnia Sepúlveda (Santiago, 1941) siempre quiso ser artista. Estudió en la Escuela de Artes Aplicadas de la Universidad de Chile, donde se especializó en cerámica, y posteriormente fue profesora de dibujo en la misma Facultad. Luego de diez años de exilio, volvió a Chile a fines de los 80 y vio en la técnica de la cerámica a baja temperatura una manera de reconectarse con sus ancestros y retomar su quehacer.

Inspirada por la obra de Gabriela Mistral, en Sobre rondas y un poema: Tres murales de cerámica, exposición temporal que desde el viernes 6 de julio se presentará en el Museo Chileno de Arte Precolombino, decidió explorar las posibilidades de la cerámica como elemento artístico mural, para fomentar la valoración social del oficio de los ceramistas.

“Soy una artífice, una artesana, y la música y la poesía me llegan naturalmente. Por ahí canalizo los vínculos”, explica Polimnia.

¿Cuál es tu diagnóstico sobre el oficio de la cerámica hoy?

En este momento la cerámica tiene una versión mayoritariamente funcional. No está presente en un espectro un poquito más amplio, se salta de lo funcional a lo puramente artístico. En este proyecto apunto a su uso en murales. El hecho de que haya abierto un canal hacia la arquitectura es precisamente para unir, a corto, mediano y bastante largo plazo, un vínculo entre el artesano ceramista y los arquitectos. Estoy empleando un muro, que es el protagonista del trabajo de los arquitectos y que ha tentado siempre a los artistas. Mi proyecto tiene el objetivo de ampliar el espectro de la cerámica precisamente a los artesanos, a los ceramistas, a los artífices.

Los murales que veremos en tu próxima exposición interpretan poemas y rondas de Gabriela Mistral. ¿Cuál es la importancia de la artista en tu obra?

Es bien importante. Me han preguntado si he leído mucho a Gabriela Mistral, pero tengo que reconocer que no. Aun así, Gabriela Mistral me ha acompañado desde mi niñez. Alguna vez, de niña, recuerdo haber escuchado la ronda Dame la mano y pensar en las dos niñitas con delantal blanco, que era el delantal que usábamos las niñas en esa época. Debo haber tenido unos 15 años cuando leí el poema y me dolió profundamente. Yo me titulé bastante tarde, el año 95, y mi proyecto fue en dedicación a Rosalía, a Efigenia y a Soledad, las amigas de Gabriela Mistral que nunca reinas pudieron ser. Pasado el tiempo, al andar en metro y ver a los niños y niñas saliendo del colegio, me di cuenta de que Efigenia existe, Rosalía existe y Soledad existe. Existen, están aquí. Quise representarlas, a todas ellas. Ese fue mi proyecto anterior de las Siempre Reinas. Más adelante, buscando una temática, siempre vuelvo a Gabriela Mistral. La releo, la releo y me encuentro con poemas que me dicen cosas. Hoy las rondas están abandonadas en los patios de los colegios, ya no se escuchan. Han sido reemplazadas, no están en los juegos de los niños. Por eso primero fueron las reinas, las niñas, y después pensé en las rondas. Así encontré El Vaso y Miedo, que es un poema muy del alma de la mujer y de su hija, de las aprensiones que tiene.

¿Cuáles son las técnicas utilizadas en los tres murales de esta exposición?

Presenté una variedad de técnicas, precisamente, en esta especie de convocatoria a la experimentación. Hay gres de alta temperatura y hay baja temperatura para que se vea el ladrillo. Lo que yo quiero es que la gente relacione el color del ladrillo con el color de ese mural. Las técnicas son de diferente construcción. Para mí, la técnica verdaderamente cerámica es la que es modelada, o sea que se levanta igual que una vasija, creando una pared. Con este ejercicio de mural, porque lo llamo un ejercicio, vi más relación entre las piezas de cada mural, que actúan después cada una por separado. Son iguales, pero son diferentes. Lo mismo que en el ser humano. No hay una pieza igual a otra. Estoy contenta de presentar esta exposición porque van a verla estudiantes y yo soy feliz con la gente joven, de contarles lo que yo he vivido y que si se dedican a su quehacer, intensamente, van a descubrir cosas.  Preguntas existenciales que uno tiene a veces, se encuentra la respuesta haciendo lo que uno hace con interés, con vocación, con amor.

Los murales que exhibirás son tres: El encierro y la rigidez del miedo y el escape de un vuelo, El ondulante recorrido del pensamiento que atesora el recuerdo y El giro de una danza y la vibración y contragiro del entorno. ¿Cómo escogiste los nombres de cada uno de ellos?

Provienen del concepto de diseño. El primero, inspirado en Miedo, la primera observación que recibí, cuando lo tenía en el suelo, fue de una amiga que lo vio y me dijo que no le gustaba, porque estaba muy rígido. Me quedó grabada la palabra. ¿Y el miedo, no te rigidiza? ¿El miedo no contrae? Entonces lo presenté en una cuadrícula de líneas verticales y horizontales de encierro, porque la madre está con aprensiones acerca de su hija. No quiere que la conviertan en golondrina. No quiere que la lleven a ser princesa ni mucho menos que la lleven a ser reina. Obviamente en el vuelo de la golondrina está la libertad, necesariamente va a estar ese contraste de liberación de la niña con la madre. Todo eso fue un concepto, unido con la técnica que le correspondía. En el segundo mural, inspirado en El Vaso, la viuda que dice que no quiere guardar las cenizas de su esposo en un vaso de oro. Quiere un vaso simple de arcilla. Un vaso simple que recoja las cenizas, que ella pueda acariciar y que cuando tome el barro piense que está acariciando a su esposo. Está recordando, atesorando un recuerdo. El último, basado en el poema ronda Dame la mano, cuando uno baila y danza y se da vueltas, el entorno gira en el otro sentido.

O sea, estás pensando en el movimiento del poema y al mismo tiempo en el movimiento que permite la técnica cerámica.

Exacto. Por eso es que uní todo. Lo que habla es el poema. Yo quería técnicas constructivas, entonces, veamos cuál es con cuál. Este es un trabajo íntegro, total, todo va coincidiendo. Eso a mí me hace feliz.

¿Cuál es el mensaje que quieres transmitir con esta exposición?

Más que mensaje, convocatoria. El espectro de la cerámica es muy amplio y yo lo conozco todo, pero no domino ningún área. Hay gente especialista y gente que puede hacer maravillas en murales. Yo me voy a morir luego pero pienso hacer más cosas todavía, estoy llena de proyectos. Me gustaría que la gente que domina el gres, los esmaltes, bueno, ¡vayan! y apliquen técnicas cerámicas muy propias. Los ceramistas que son artísticos pueden hacer maravillas. El único mensaje a la gente es que siga trabajando, que yo voy a seguir también en lo mío.

Entrevista y foto: Oriana Miranda