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José Berenguer: “Pensar en Taira solo como un objeto de arte es limitarlo”

Más de treinta años de investigación permitieron a José Berenguer, curador jefe del Museo Precolombino, alcanzar un profundo conocimiento del arte rupestre plasmado en el Alero Taira, ubicado a unos 75 kilómetros al noreste de la ciudad de Calama, en el curso superior del río Loa. La belleza, complejidad y vitalidad de Taira, así como el mensaje de sus habitantes actuales y ancestrales, serán plasmados en la exposición temporal: Taira, el amanecer del arte en Atacama, que se presentará desde el 1 de diciembre 2017 al 27 de mayo 2018 en el Museo Precolombino.

“Aquí hay un trabajo de hormiga, porque la ciencia requiere dedicación, pero también lo pasamos muy bien”, comenta José Berenguer, quien después de décadas de viajes e historias está vinculado afectivamente a la comunidad de Taira. “Ha pasado el tiempo, también por mí y para la gente. Esta generación de dirigentes en Atacama tiene súper claro lo que hay que hacer, lo que hay que exigir y para donde van. Eso a mí me gusta mucho”.

José Berenguer en Taira. Septiembre 1994.

José Berenguer en Taira. Septiembre 1994.

¿Cómo surge la idea de hacer una exposición sobre el arte rupestre de Taira?

Hacer una exposición sobre arte rupestre en general era una vieja idea. De hecho, la segunda exposición temporal que hicimos en el Precolombino, en 1983, fue sobre ese tema. Esa exposición anduvo viajando por el país, Sudamérica y Europa y nos dejó con ganas de hacer algo nuevo. Yo quería hacer una exposición sobre toda la zona del desierto de Antofagasta, pero Carlos Aldunate (director del Museo) dijo “preferiría que te concentraras en Taira”. Acepté el desafío y decidí tomarlo como una oportunidad para retomar la investigación que había comenzado a principios de los años 80 sobre el estilo de arte rupestre del Alero Taira.

¿Cuál es el rol de la Comunidad Indígena Atacameña Taira en este proyecto?
Lo primero es decir que ellos son viejos amigos míos. Llegué muy joven allí, el año 72, los abuelos y abuelas de la actual comunidad fueron los que me permitieron investigar en el Valle. Hemos pasado un montón de cosas juntos, nos vemos cada cierto tiempo y existe una relación de mucho afecto y respeto. A principios de los años 2000, la gente que vive en el Valle decidió constituirse como comunidad indígena. Aunque todavía no han conseguido todo lo que aspiran, yo no necesito que ellos sean una comunidad formal para quererlos y desear trabajar con ellos. Cuando les dije lo que queríamos hacer, les fascinó el tema. Hicimos un convenio donde nosotros les prestábamos asesoramiento en un espacio cultural que están construyendo y ellos nos daban información sobre cómo ven las pinturas y grabados, la vida, la tierra, la religiosidad, la cosmovisión, el paisaje, el río y cuáles son los problemas fundamentales de Taira. Todo el material que logremos acumular, en fotografía, filmaciones y dibujos, va a exponerse en ese espacio cultural y se destinará a un lugar donde esté guardado para el futuro, algo así como una memoria del Valle del Alto Loa y de la Comunidad Indígena Atacameña Taira. Entonces, su rol es muy importante en esta exposición.

¿Cuánto tiempo tomó la producción de Taira, el amanecer del arte en Atacama?
Empezamos a trabajar en octubre del año pasado. Viajé a Taira para conversar, ver cómo estaban las cosas y evaluar si podríamos hacer la exposición o no. A fines de diciembre estábamos proponiendo este tema a BHP / Minera Escondida y en enero habíamos hecho un primer proyecto de tres o cuatro hojas con una descripción de lo que queríamos. Rodrigo Tisi y su equipo venían de trabajar en la exposición Rostros del Norte Grande, una muestra tan medial que le dio la pista a Carlos Aldunate de que eso era lo que él quería. Nos propusimos trabajar con Rodrigo en la museografía y fue una relación que se dio muy bien. Ya a fines de enero estábamos con la decisión tomada y viajando nuevamente a Taira. Hubo por lo menos cuatro idas a terreno para completar todo lo que necesitábamos: en un momento nos pilló la lluvia, temporales, no podíamos cruzar el río, estaba nublado y no podíamos ver las estrellas, tuvimos días preciosos también y un invierno muy despejado pero helado. Toda esa variabilidad de climas nos sirvió para entender un poco, a lo largo del año, lo que es este lugar tan especial, donde los antiguos atacameños unieron con su arte rupestre la tierra y el cielo.

¿Qué hace a esta exposición distinta de otras que han pasado por el Museo?

Con respecto a las anteriores, esta exposición es menos objetual, tenemos menos vitrinas con piezas. Hay, desde luego, piezas excepcionales que vienen a contextualizar un poco el tema del arte rupestre, pero en lo fundamental es una exposición donde la visualidad es clave: la gente va a entrar y va a tener inmediatamente, antes que cualquier cosa, más de 50 fotografías de 360° que van a estar fundiéndose o cambiando. Se van a llenar los ojos con el paisaje. Si uno va a Taira se da cuenta de que el paisaje, todo lo que lo rodea, es significativo; desde el cerro que está a lo lejos, las arenas que se mueven con el viento, la grieta del cañón, el volcán, los manantiales, el río, todo es pertinente. Por ello, secar esos manantiales o interceptar sus aguas subterráneas más arriba, en la Pampa del Avestruz, sería fatal, porque sería vaciar de sentido a Taira, sin prejuicio de todo el daño que produciría en el río Loa. Taira tiene un arte rupestre particularmente interesante y único. Es un experimento museístico, un desafío enorme, no sabemos cómo va a salir, tenemos cierta ansiedad por lo que va a pasar, pero había que intentarlo.

¿Qué experiencia se pretende generar en los visitantes de Taira, el amanecer del arte en Atacama?

Taira es muy bello. Sin embargo, pensarlo solamente como una joya estética o como un objeto de arte es limitarlo. La gracia de nuestros 30 años de investigación es que hemos ido tratando de penetrar en el contenido de las imágenes. Una cosa es decir que ahí hay una llama, pero otra cosa muy diferente, mucho más profunda, es decir que esa llama significa un concepto, un valor: la fertilidad, la fecundidad del rebaño y también de la propia sociedad de pastores. En nuestra exposición, buscamos que el visitante sienta el placer estético, pero también perseguimos el goce de entender las cosas, porque pensamos que cuando se aprecia algo porque es muy bonito y al mismo tiempo se entiende, surge el respeto por ese bien cultural. Conocer es el paso esencial para que ese patrimonio sea valorado por la gente y de la valoración surge en forma natural la necesidad de protegerlo.

¿Por qué es importante generar ese entendimiento del arte de Taira?

El Alero Taira es un patrimonio que está expuesto y que puede desaparecer, de hecho nosotros hemos notado deterioros, cosas que se han llevado. Estamos preocupados por eso. Por otro lado, hay un mensaje muy interesante y actual en Taira. Sus imágenes son una celebración de la vida, no solamente por la fertilidad, por la fecundidad, sino porque en el fondo, lo que está diciendo es que si tú cuidas el medio ambiente, los manantiales, los cerros, las arenas, las aguas, el río, te estás cuidando a ti mismo. Si esa idea la gente la entiende, Taira va a representar un nuevo amanecer dondequiera que sea, constituirá una especie de renacimiento. Queremos lograr respeto por el patrimonio, respeto por el medio ambiente y respeto por la ciencia, porque estas cosas y estos conocimientos no surgen de la nada. Aquí hay un trabajo duro de 30 años y tres proyectos de investigación de Fondecyt. Es necesario decirle a la gente que la ciencia es importante y produce también realización, en momentos en que recibe una inversión de apenas el 0.38% del PIB.

Una de las hipótesis de tu investigación es que los habitantes de Taira pintaban lo que deseaban. ¿Cuál es, entonces, tu deseo para esta exposición?

Mi deseo es que realmente el mensaje fundamental de la exposición llegue y que lo pasen bien. Que vean que a la ineludible experiencia estética que generan los grabados, pinturas y pictograbados es posible sumar otra memorable fuente de goce: el placer de entenderlos.

Texto y foto de portada: Oriana Miranda