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Jorge Santiago Matías, historiador: “La población maya sigue luchando por su dignificación”

Este jueves, viernes y sábado, el Museo de la Memoria y los Derechos Humanos presenta la Saga de la Resistencia: 35 años, tres películas, una sola historia, ciclo en que se exhibirán los tres documentales de Pamela Yates sobre el genocidio de los pueblos indígenas en Guatemala.

“Guatemala es un país de belleza y patetismo, de coraje y miedo, donde una mayoría maya indígena ha sobrevivido a la conquista española y resistido a la asimilación durante 500 años”, expresa Pamela Yates, también directora creativa de Skylight.

Para entender más sobre la lucha y supervivencia de los maya, entrevistamos a Jorge Santiago Matías, historiador maya tujaal.

¿Cómo logró la población maya resistir a la invasión española? 

Los maya desarrollaron diversas formas de resistir, que van desde la lucha militar que se prolongó por varios años, o las alianzas político-militares de varios pueblos mayas para impedir el avance español. Otra de las formas fundamentales para mantener el poder y la presencia maya fue la recuperación demográfica, que trajo consigo la continuidad del modelo de organización social y política de los amaq’ (linajes antiguos). Los pueblos tenían un nombre maya complementado con otro cristiano y dentro de ellos se recreó el sistema sociopolítico y espiritual del mundo maya.

Un segundo momento de exterminio fueron los 36 años de guerra. ¿Cómo la población maya logró sobrevivir al genocidio?

Si bien fueron las victimas mayoritarias durante los 36 años de guerra, es importante señalar el protagonismo que tuvieron los pueblos mayas en los movimientos sociales para el avance de su reconocimiento y sus derechos, a través de la creación de organizaciones campesinas y culturales. En este contexto es que toma auge la mayanización, como un proceso de subjetivización del orgullo indígena en medio de una emergencia indígena latinoamericana. Otro aspecto importante que da fortaleza al mundo maya para sobrevivir a la violencia del Estado y los múltiples genocidios es su visión de mundo, su forma espiritual de relación con la naturaleza, la vida y la muerte. Esa forma de construir frontera y diferenciación frente a otros grupos sociales le ha servido de fortaleza para su persistencia como pueblo. Citando al intelectual maya kaqchikel Demetrio Cojti, la sangre de los indígenas asesinados durante la guerra interna es el precio que los indígenas han pagado por su actual florecimiento.

¿Cuáles son las consecuencias que tiene hasta el día de hoy el genocidio en Guatemala? 

La instalación del miedo como mecanismo de opresión hacia los pueblos mayas, el desarraigo para algunos pobladores y la condiciones de pobreza y extrema pobreza en que la guerra colocó a la población en general. A esto se suma un sistema de justicia cooptado por redes de impunidad, que impiden el avance del cumplimiento de la justicia para los casos de genocidio, crímenes de lesa humanidad y desaparición forzada.

¿Cómo las nuevas generaciones han hecho suya la lucha por visibilizar las matanzas y hacer justicia? 

El arte, sin duda, ha sido la herramienta que han utilizado las nuevas generaciones para visibilizar estos procesos. Por medio de la música, como el hip hop y el rock fusionados con instrumentos indígenas y cantados en idiomas mayas, las juventudes mayas han discursado sobre ese pasado doloroso, el resurgimiento de los pueblos y la lucha por la justicia. El muralismo con narrativas del genocidio y la lucha maya también ha ido apareciendo en los pueblos. La organizaciones campesinas y de mujeres mayas han ido reconstruyendo el tejido social en las comunidades y articulando la lucha por la justicia. Ellos son quienes han sentado a militares en los tribunales: lo hicieron las mujeres mayas qeq’chi del Sepur Zarco por las violaciones cometidas durante la guerra y la población maya ixil, que llevó el caso de genocidio contra Efraín Ríos Montt y José Mauricio Rodríguez Sánchez.

¿Qué significó para las miles de víctimas del genocidio el proceso del juicio y condena al expresidente Efraín Ríos Montt?

La dignificación de sus mártires y la consolidación de la lucha por la justicia. Fue para ellos una satisfacción que se conecta con su forma de ver a sus muertos, de lograr su descanso, la justicia y la exigencia que esto no vuelva a pasar. Lograron sentar un precedente de cómo reconfigurar y empujar el avance de lo que se conoce como justicia transicional.

La mayor parte de las víctimas del conflicto armado fueron indígenas. ¿Influye esto en la invisibilización de sus muertes y la tardanza de los procesos judiciales contra los victimarios?

El racismo como dispositivo de la opresión y las relaciones sociales en Guatemala hace que no se tomen con mayor reflexión social los casos de genocidio, considerando que sus afectados no pertenecen a la población urbana o mestiza. Pero a pesar de esa forma negacionista en que Guatemala se ha construido con respecto a la población maya, a esa invisibilización de las muertes y al daño y el dolor causado por la violencia estatal en todo su recorrido histórico, la población maya sigue luchando por su dignificación, reconocimiento y el ejercicio de sus derechos políticos, económicos y culturales.

¿Qué ves en común entre la resistencia de los maya en Guatemala y la lucha de otros pueblos indígenas latinoamericanos, como los mapuche en Chile?

Los pueblos indígenas de Latinoamérica estamos relacionados por realidades históricas similares, donde cada espacio de resistencia ha ido alimentado un entramado mayor de lucha. Lo que es común entre el pueblo maya y el pueblo mapuche es su lucha frente a las agresiones neoliberales que el capital transnacional trajo con el modelo extractivista, que es acompañado de despojo del territorio, rompimiento del tejido social, destrucción de la naturaleza y criminalización de la lucha social. En ese sentido, los pueblos han buscado estrategias para defender sus formas culturales de vinculación con la tierra. En los últimos años se ha desarrollado una serie de intercambios entre el pueblo maya y el pueblo mapuche, que van desde aspectos artísticos, políticos y académicos. Esos diálogos han nutrido las respectivas resistencias. El planteamiento de una lectura de la historia desde la perspectiva indígena, el uso de la lengua y la indumentaria, la recuperación y defensa del territorio son procesos comunes. Los pueblos indígenas en Bolivia y Ecuador, así como el levantamiento zapatista en México, por nombrar algunos, son procesos de circulación, circuitos y alianzas de resistencias.

La Saga de la Resistencia: 35 años, tres películas, una sola historia se exhibirá en el Auditorio del Museo de la Memoria y los Derechos Humanos, en el marco de la 12º Muestra Cine+Video Indígena. Del 24 al 26 de mayo a las 19 horas. Entrada liberada.

 

Entrevista: Oriana Miranda

Foto: Daniel Hernández-Salazar