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Restos encontrados en excavación evidencian ocupación inkaica en Santiago

Restos óseos de animales - Fragmento cántaro inka local

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V Muestra de Cine + Video Indígena

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Por quinto año consecutivo la Cineteca Nacional y el Museo Chileno de Arte Precolombino presentan la Muestra de Cine + Video indígena, que este año reúne cerca de 70 títulos. Las últimas realizaciones chilenas, películas de la década de 1940, una selección del Festival del Indio Americano 2011 (Smithsonian Institute, EEUU), una selección del festival de Morelia, una selección del programa Las Cámaras de la diversidad (UNESCO), dos estrenos chilenos y una muestra para niños conforman el programa de este año.

Todas las funciones se realizarán en el Centro Cultural Palacio La Moneda.

Centro Cultural Palacio La Moneda.
Desde el 23 al 30 de noviembre
Entrada general $1.000 / Estudiantes, adultos mayores y convenios $500

PROGRAMACION V CINE MAS VIDEO INDIGENA

Arqueología del sistema vial de los Inkas en el Alto Loa, Región de Antofagasta

Investigador Responsable
José Berenguer R.
Coinvestigadores
Iván Cáceres R., Mauricio Uribe R., Cecilia Sanhueza

Proyecto Fondecyt Nº1010327

Informe Final
15 de abril de 2005

Objetivo 1: Recuperar información sobre la traza del camino inkaico en el Alto Loa, influencia de las condiciones ambientales y topográficas en su trazado, tipos de construcción vial, tipos de marcadores de rutas, ubicación, características y espaciamiento de las instalaciones a lo largo del camino y tipo de tráfico o flujo a través de la arteria.

Desde MI-2 en Miño (536023 E / 7659621 N) hasta RP-30 en Lasana (532988 E / 7644320 N), nuestra prospección en el valle del Alto Loa cubrió 125,07 km lineales, con un desnivel de ~1% (3932 a 2677 msnm), registrándose 285 puntos de interés, incluyendo: 9 tramos irregularmente espaciados, 194 segmentos de camino inka de visibilidad variable (ancho promedio 4 m); 13 cuestas; 63 marcadores camineros; dos pórticos; y 36 asentamientos laterales al camino, 9 de los cuales son de afiliación inka y fueron topografiados. Estos resultados aportan a este Objetivo en cinco amplios aspectos: (1) comprobamos sobre el terreno la existencia del camino inkaico (tantas veces referido en diversas fuentes, pero nunca investigado en forma sistemática), en el curso de cuya tarea establecimos y mapeamos detalladamente su derrotero, precisando en algunos casos lo señalado en la literatura y corrigiéndolo en otros. Además, comprobamos la existencia de dos desvíos (a Bajada del Toro y al Pukara de Lasana) e hipotetizamos un tercero (al Cerro Cirahue). (2) Describimos en detalle las características constructivas de la arteria y las cotejamos con las de otros trayectos del desierto, incluso excavamos con este fin cuatro secciones del camino. (3) Discutimos los determinantes topográficos del trazado del camino, procurando explicar por qué razones corre por donde lo hace. (4) Analizamos factores post-depositacionales naturales que influyen en su preservación y, en último término, en su visibilidad a ojo de prospector. (5) Describimos, clasificamos y evaluamos críticamente la pertenencia al Inkañan de diferentes clases de sitios y rasgos localizados a su vera, incluyendo recintos y marcadores camineros. (6) Establecimos que, de norte a sur, las distancias que separan a cada instalación, incluyendo el Pukara de Lasana, son: 16,06 – 8,01 – 22,93 – 11,73 – 10,15 – 7,78 – 11,5 – 17,93 – 17,53 km.

Hipótesis 1 : El camino del Alto Loa es un eslabón del “Camino Real de la Costa”
Esta hipótesis la damos por comprobada con reservas. Es cierto que la proyección más lógica del camino del Alto Loa hacia el norte debiera empalmar con los segmentos identificados por Santoro (1982) y, quizás, con los reportados por Núñez (1965) en la Región de Tarapacá y hacia el sur, con los segmentos prospectados por Hyslop (1984), Iribarren y Bergholz (1971) y Niemeyer y Rivera (1983) en el “Despoblado de Atacama”, que parecen corresponder al Camino Real de la Costa. Es cierto también que hasta ahora no existen antecedentes publicados de un camino inka longitudinal al oeste de la Cordillera del Medio. Es igualmente cierto que en recursos hídricos, el Alto Loa está lejos mejor dotado que sectores de latitud equivalente en el desierto de Atacama, dato no irrelevante para la logística del tráfico. Finalmente, es cierto que el patrón de hallazgo de cerámicas inka o imperial en el camino del Alto Loa se ajusta al encontrado por Hyslop (1984) y Niemeyer y Rivera (1983) en el camino del “Despoblado” y difiere del reportado hasta la fecha en el camino del Alto Salado (Varela 1999: 64, 69, 70). Nuestras reservas obedecen a que todavía no se puede descartar que una troncal inkaica haya discurrido por el desierto central; en todo caso, localizarla escapaba a los Objetivos de este proyecto. Por otra parte, considérese que en Ujina Le Paige (1958; cf. Mostny 1949) reporta una bifurcación del camino inka, con una arteria que se dirige al sur por el Alto Loa y otra que lo hace más al este, por los salares de Carcote o San Martín y Ascotán, presentando al sur nuevas bifurcaciones. O sea, los inkas pueden haber tenido tres o más caminos longitudinales de acceso por el norte al territorio atacameño (además, por supuesto de varios caminos transversales o diagonales). De ahí que, ahora, la noción de un único “camino longitudinal de la costa” nos parezca -por el momento- más una mistificación derivada de las fuentes documentales, que una realidad. Para usar términos de navegación electrónica: el Inkañan en la Región de Antofagasta y eventualmente en varias otras partes, pareciera organizarse o articularse de manera “hipertextual”, con “links” para múltiples lados.

Objetivo 2: Establecer una “línea temporal base” para la época de dominio efectivo y planificado del corredor del Alto Loa por el Imperio Inka, precisando la fecha de construcción del camino inkaico.

Hyslop (1984) propuso una secuencia del tráfico inkaico que reflejaría el grado de poder del Tawantinsuyu en una región: (1) primero llegaban soldados y diplomáticos, quizás a través de senderos locales, ya que los caminos inkaicos todavía no habían sido construidos; (2) en seguida arribaban arquitectos, ingenieros de caminos y funcionarios de frontera, y se introducía el sistema de mita; (3) luego se enviaban mitmaq desde y hacia el área; (4) finalmente se establecía el flujo más normalizado de bienes, burócratas y soldados, algunos destinados a áreas más lejanas. Dado que la segunda etapa corresponde a la construcción de la red vial, propusimos que una batería de dataciones de la arteria en el Alto Loa podría servir para segregar una fase de conquista o de “anexión en proceso” (Etapa 1), de otra fase de “anexión ya consumada” (etapas 2, 3 y 4), como también, un “piso cronológico” para este proceso, contribuyendo de este modo a subdividir el período en unidades cronológicas más finas.

Obtuvimos 45 dataciones (31 fechas TL y 14 fechas C14), en 9 sitios asociados al camino inka (Tabla 1): MI-I y MI-2 (Kona Kona 1 y 2, Tramo 1), DE-1 (Desencuentro, Tramo 4), NA-7 (Lequena Viejo, Tramo 5), CG-9 y SBa-518 (Bajada del Toro, Tramo 6), SBa-162 (Cerro Colorado 1, Tramo 7) y LR-1 y LR-2 (Inkaguasi, Tramo 9). Considerando los sesgos advertidos en las dataciones TL, optamos por manejarlas críticamente al evaluar la cronología de los sitios individuales, por ejemplo, contrastándolas con cerámicas de edad conocida. Sin embargo, decidimos eliminarlas de la discusión del Objetivo 2, concentrándonos en las dataciones C14. El intervalo de 1414 – 1444 DC, sobre fechas C14 calibradas en forma combinada (probabilidad 95%), es sin duda demasiado temprano para reflejar todo el lapso de ocupación inkaica del valle. Esta antigüedad puede deberse a que las muestras fechadas proceden de capas profundas y pueden no estar datando los eventos más recientes del Horizonte Tardío en los sitios. Sin embargo, dado que dicho intervalo fecha las ocupaciones de sitios directamente asociados o laterales al camino, permite comprobar que la construcción de la arteria (Etapa 1 de Hyslop) ocurrió temprano en las primeras décadas del siglo xv. De hecho, en su análisis estadístico de la cronología radiocarbónica del Estado Inka, Adamska y Michczynski (1996) fijan este mismo rango de fechas como el comienzo de la fase imperial. De paso, esto implica que la Etapa 1 fue anterior a 1414 DC, ocurriendo muy probablemente en los últimos decenios del siglo XIV, y que las etapas 3 y 4 tuvieron lugar con ulterioridad a 1440 DC.

Hipótesis 2: La construcción del camino inka del Alto Loa y, por lo tanto, la anexión de este valle al régimen inkaico, ocurrieron temprano en las primeras décadas del siglo xv.
Esta hipótesis resultó confirmada. Si Hyslop está en lo cierto cuando dice que la construcción del camino señala la Etapa 2 en el grado de poder del Tawantinsuyu en una región, podríamos concluir que el intervalo 1414 – 1444 DC, constituye -más que una “línea”- una “franja” temporal base para la fase de “anexión ya consumada” del valle al Imperio Inka. Este resultado se suma a muchos otros en el Kollasuyu que ponen en tela de juicio la “cronología corta” de Rowe para la fase imperial inka (1470-1535 DC).

Objetivo 3: Establecer cuáles senderos preexistentes fueron integrados a la red vial inkaica, cuáles se abandonaron y cuáles siguieron en uso por la población nativa de la región.

Al igual que el “Despoblado de Atacama” (cf. Niemeyer & Rivera 1983: 155), la ruta o derrota general seguida por el Inkañan en el Alto Loa no era prístina; había sido intensamente traficada antes. El camino en sí es de construcción netamente inka; no hay duda de ello. Lo demuestran la arquitectura a su vera y el hallazgo de cerámicas del Horizonte Tardío (TRP, TRN, LCE, LCP, INK, DIA, SAX, YAV). Pero el hallazgo en la ruta (aunque no siempre en el camino propiamente tal) de cerámicas de los períodos Formativo (LMS, VAQ, NPC) y Desarrollos Regionales (DUP, AYQ, TGA, TRA, TRB, TRP, TRR, CHC, CHP, HED, PCH), indica que ésta fue transitada desde al menos 500 DC. Varios senderos y paraderos de caravanas apoyan esta conclusión. Por lo tanto, el Inkañan se planificó y construyó aquí sobre una ruta de tráfico preexistente (cf. Hyslop 1992: 133; Mostny 1949: 182; Nielsen 1997: 357, Tabla 2), a veces adoptando, racionalizando y formalizando antiguos senderos caravaneros y en otras, siguiendo nuevos derroteros. Además, el camino en sí, fue transitado después del Tawantinsuyu, como lo demuestran las remodelaciones de instalaciones inkaicas laterales al camino (LR-1, CG-9 y CH-1), así como el hallazgo de cerámicas TCA y SRB, y de loza, vidrio y otros artefactos post Contacto.

Hipótesis 3: Este camino inka hizo uso parcial de las redes de rutas caravaneras preinkaicas, muchas de las cuales, sin embargo, siguieron empleándose para un tráfico más regional durante los períodos Tardío, Colonial y Republicano.
Estimamos demostrada esta hipótesis, pero con ciertas modificaciones. En primer lugar, el camino siguió el mismo derrotero general de las rutas caravaneras precedentes, pero (queremos ser claros en esto), no siempre siguió el trazado específico de los senderos troperos. Hay muchos segmentos y tramos de la ruta del Alto Loa en que ambos tipos de vías discurrieron por lugares diferentes, de manera que en ese sentido sí hubo uso “parcial”. En segundo lugar, es claro que el tráfico por la “ruta” (como concepto abstracto) y por el camino inka (como concepto concreto), continuó en tiempos históricos, pero no fue puramente regional, sino también interregional.

Objetivo 4: Someter a prueba el planteamiento de que en zonas de baja densidad demográfica local, como el Alto Loa, la impronta material inka debiera ser estilísticamente “más pura” que en zonas más densamente pobladas.

Este planteamiento de Nielsen (1997) y Hyslop (1084) fue sometido a prueba con dos indicadores: arquitectura y cerámica. La arquitectura fue analizada por nuestro memorista Carlos González G., donde se demuestra la presencia en el área de asentamientos estilística, constructiva y organizacionalmente inkaicos, pero que -en esencia- no difieren de otros conocidos para áreas más densamente pobladas de la región (p.e., Alto Salado, San Pedro de Atacama). Empero, no hay situaciones híbridas, como Turi y Caspana o complejas como Catarpe Este vs. Carpe Oeste; la inmensa mayoría de estos sitios son arquitectónicamente inkaicos en su totalidad y sólo fueron remodelados con ulterioridad al contacto europeo. El patrón de hallazgo de cerámica inka imperial en el Alto Loa (también SAX y DIA), en tanto, se ajusta al encontrado por Hyslop (1984) y Niemeyer y Rivera (1983) en el “Despoblado de Atacama” y difiere del reportado en los ramales del Alto Salado (ver Varela 1999: 64, 69, 70). De hecho, en los sitios SBa-162 y MI-2 existen los porcentajes de cerámica Inka Cuzco Policromo más altos de la región (9-12%).

Hipótesis 4: Por atravesar áreas de baja densidad poblacional, este camino contiene una relativamente más “pura” información material sobre los inkas, con menos complicaciones interculturales que en zonas de ocupación local más densa.
Esta hipótesis resultó confirmada. El caso del Alto Loa ratifica que en territorios “internodales” (sensu Propuesta Original) o con “espacios vacíos” la impronta material inka es estilísticamente “más pura” o con menos mezclas que en zonas más densamente pobladas.

Objetivo 5: Dilucidar si efectivamente hubo estilos de arte rupestre propiamente inkaicos o relacionados de alguna manera con la presencia inka en el Alto Loa.

Al igual que en los 12 tramos de caminos reportados por Hyslop entre Ecuador y Chile, constatamos una total ausencia de arte rupestre en los 125 km de camino inka del Alto Loa. Concluimos, por lo tanto, que los grabados y pinturas sobre roca no fueron un ingrediente de la vialidad inkaica propiamente tal y que la controversia acerca de si en realidad hubo un arte rupestre propiamente inkaico en la región, al menos debiera excluir al Inkañan de la discusión. Esta constatación nos llevó a extender la búsqueda a zonas más distante del camino, no obstante, físicamente vinculadas con él. El único asentamiento con arte rupestre (estilo Santa Bárbara I) que satisfizo esta condición, fue SBa-518, ubicado cerca del Tramo 6. La vinculación de este sitio “paralateral” con el Inkañan,es un ramal de 1 km de largo que lo une con CG-9, un asentamiento inka situado a la vera de la troncal. La segregación de grupos (A, B, C, D y E) al interior del estilo Santa Bárbara I y la exploración de su dinámica a lo largo del tiempo, permitió trazar trayectorias de cambio en la figuración del “camélido esquemático”, ensayar distintas secuencias de estos grupos y evaluar su congruencia con la historia ocupacional del sitio, que se extiende al menos de los Desarrollos Regionales al período post Contacto. Concluimos que A es el grupo “alfa”, a partir del cual se originan los otros grupos en el sitio. Este grupo no se extingue a medio camino de este proceso, sino que se mantiene vigente desde los Desarrollos Regionales hasta bien entrado el Horizonte Tardío (A’). A’, C, y D2, en cambio, son los grupos que con mayor probabilidad pueden asignarse al Horizonte Tardío en SBa-518. Pero no es que se trate de actividad rupestre propiamente inkaica o “emblemática” del Inka, sino de sub-estilos locales que serían parcial (en el caso de AàA’) o totalmente (en los casos de C y D2) contemporáneos con el Tawantinsuyu en la región. O sea, no obstante sus relaciones con los inkas, los habitantes locales del sitio siguieron produciendo arte rupestre durante el Horizonte Tardío, como lo habían venido haciendo sus antepasados preinkaicos desde mucho antes y, como, aparentemente, continuaron haciéndolo sus sucesores después del contacto con los españoles.

Hipótesis 5: Por atravesar áreas de baja densidad poblacional, donde el camino contiene una relativamente más “pura” información material sobre los inkas, si hubo un arte rupestre integralmente asociado a la vialidad inkaica, el Alto Loa es un área ideal para producir evidencias a este respecto.
La investigación de esta hipótesis abierta demostró que, a pesar de lo ideal del área para brindar material inkas “puros” y también pese a que ésta es excepcionalmente rica en petroglifos y pictografías, no hay ni un solo sitio de arte rupestre integral o directamente asociado con la vialidad inkaica. Quizás, lo que ha entrampado a los investigadores que han abordado el tema en la región, es que han focalizado su búsqueda en identificar un arte rupestre estrictamente inkaico, cuando es probable que nunca haya existido tal cosa.

Objetivo 6: Recuperar información detallada acerca de la naturaleza y alcances de las actividades que se realizaban en los tampu y chaskiwasis del Alto Loa.

El tamaño, complejidad, localización y contextos de las instalaciones inkaicas asociadas al camino inka, permitieron construir un Modelo de Sitios Laterales (MSL) con tres niveles jerárquicos: sitios primarios, destinados a actividades administrativas; sitios secundarios (los más cercanos al concepto de tampu), consagrados a alojamiento, abastecimiento, corral y control del movimiento; y sitios terciarios (los más cercanos al concepto de chaskiwasi), orientados a proveer refugio a viajeros individuales (estructuras aisladas). En el Alto Loa operaron dos sistemas con el MSL: un Sistema Meridional (Desencuentro-Lasana) y otro Septentrional (Miño-Chela Inga). El Sistema Meridional tiene a SBa-162 (kancha, ushnu, bodegas) como sitio primario; a DE-1, CG-9 y LR-1 como sitios secundarios; y a RP-19 como sitio terciario. El Sistema Septentrional tiene al complejo MI-1/I-2 (kancha, kallankas, bodegas) como sitio primario; a CH-1 como sitio secundario; y a RE-5 como sitio terciario. La separación entre ambos sistemas ocurre entre CH-1 y DE-1 (Tramo 3), que es el más desolado y el más largo (22,93 km sin unidades de recintos).

Hipótesis 6_: La ruta del Alto Loa debiera arrojar la primera secuencia completa en los Andes de tampus y chaskiwasis a lo largo de un trayecto de camino inka, brindando una inédita información combinada sobre características formales y espaciamiento de ambas clases de estructuras, así como acerca de los alcances y naturaleza de las actividades que se realizaban allí.
Esta hipótesis resultó virtualmente demostrada. Una secuencia de nueve asentamientos inkaicos seguros y uno probable (SBa-109) en 125 km, da un promedio de uno cada 12 km. Todos, salvo RE-5 (Esquiña), que es muy pequeño, podrían acomodarse a la definición de tampu que entregan las fuentes documentales, con la debida consideración de lo que debió ser este tipo de asentamiento en el desierto. La exclusión de RE-5 eleva el promedio a un tampu cada 13 km y a uno cada 18 km, si descontamos a SBa-109, que es dudoso. En la realidad, sin embargo, el espaciamiento es sumamente irregular (ver Resultados de Objetivo 1). Es evidente, por lo tanto, que el determinante de la localización de estos sitios no fue únicamente la “jornada” de viaje. De hecho, hay sitios que distan de 8 a 11 km entre sí. Además, MI-1/MI-2 y SBa-162 fueron mucho más grandes y complejos que el resto, lo que introduce factores de otra índole en la decisión de emplazamiento. En cuanto a las chaskiwasis, sólo RE-5 (entre Miño y Chela Inga) y RP-19 (entre Inkaguasi y Lasana o Chiuchiu) son lo suficientemente pequeños y simples como para calzar con las descripciones que ofrecen los cronistas, también teniendo en cuenta lo que debe haber sido esta clase de sitios en el desierto.

Objetivo7: Investigar las relaciones históricas y funcionales que existieron entre los estancieros del Alto Loa y el tráfico inkaico por este corredor.

En el Sistema Meridional, algunas instalaciones inkaicas parecen haber estado funcionalmente vinculadas con sitios locales preexistentes. El caso investigado fue el sitio “paralateral” o “paravecinal” y con arte rupestre SBa-518. Se trata de un asentamiento agro-pastoril de intensa ocupación y profunda raigambre en el Período de Desarrollos Regionales, pero que, poco antes o poco después de construirse el camino inka, pasa a convertirse en un asentamiento-satélite de CG-9. Es decir, en un sitio al servicio de esa instalación, donde se producían, preparaban, consumían y almacenaban alimentos probablemente para individuos, funcionarios o grupos en misión oficial que hacían la ruta del Alto Loa. De seguro, a esta relación de servidumbre se deben las “anomalías” de SBa-518 cuando se le coteja con otros caseríos cercanos. Por ejemplo, su cantidad de recintos, demasiado alta para los estándares locales; la modificación de la estructura social y demográfica del asentamiento original, que pasó de un pequeño caserío unifamiliar a una pequeña aldea plurifamiliar; la insólita abundancia de instrumentos de molienda, mediante los cuales se procesaban diversos materiales duros; la gran cantidad de basuras; el “patio”, un espacio comunal no visto antes en los caseríos del valle; y tal vez, la construcción de un par de recintos con mampostería algo más elaborada que la corriente en el área. Estas conclusiones podrían generalizarse parcialmente al caserío SBa-41 -y, eventualmente, a los caseríos SBa-103 y SBa-119- respecto de la gran instalación inkaica SBa-162.

Hipótesis 7: Los estancieros de algunos caseríos locales del Alto Loa fueron reclutados por los inkas para servir como mitayoq de la instalación inkaica más cercana.
Las relaciones documentadas entre los sitios SBa-518 y CG-9, demuestran la validez de esta hipótesis. Tales interconexiones, así como la importante presencia de cerámicas nativas de la región tanto en la arteria como en sus sitios laterales (incluyendo el tipo Inka Local), llevan a concluir que la participación de la pequeña población local en las operaciones inkaicas fue mucho más activa y directa de lo que suponíamos. La política inkaica en el valle parece haber sido explotar la mano de obra nativa en cada vega, tierra cultivable, zona de caza, áreas de recolección, etc., por muy pocos que fuesen los estancieros y por muy modestos que fuesen los recursos que ellos procuraran. Empero, el grueso de la fuerza de trabajo y de la producción debe haber provenido de oasis más grandes como Lasana y Chiuchiu. Por eso nos preguntamos si no será estéril a estas alturas seguir discutiendo si el control inka en la región fue indirecto (Llagostera 1976; Salazar 2002; Uribe & Carrasco 1999) o directo (Núñez 1999; Uribe & Carrasco 1999). En esta etapa de la investigación regional, pareciera más productivo concentrarse en dilucidar los medios empleados por las autoridades inkaicas para obtener la participación de esta mano de obra local en los proyectos estatales.

Objetivo 8: Identificar y documentar conexiones del camino inka del Alto Loa con yacimientos cupríferos, a objeto de conocer las características de una infraestructura vial especializada en el transporte de minerales.

El trazado específico del eje vial inkaico en el Alto Loa parece haber ido haciendo un compromiso entre la distancia a los yacimientos cupríferos y la distancia a los recursos del valle, estos últimos no sólo vitales para cubrir extensas fajas desérticas, sino también para sustentar a los contingentes mineros (AR-5/Anexo 3). Inesperadamente, no encontramos ningún desprendimiento o ramal del camino que condujera a esos yacimientos. Por desgracia, el área situada entre el camino (Tramo 8) y Conchi Viejo y El Abra, resultó imposible de prospectar, debido a zonas con explosivos que no han sido rastreadas y a restricciones de acceso al actual Mineral El Abra. No obstante, Diego Salazar tuvo la generosidad de mostrarnos los sitios que está investigando y de acompañarnos en una inspección desde Santa Bárbara hasta las cercanías de Conchi Viejo, donde sólo avistamos huellas del tipo “rastrillados”. Según este colega, los inkas no se molestaron en construir una infraestructura vial como la del eje troncal para conectar con los yacimientos, conformándose con simples huellas troperas. Una ratificación de esta impresión la tuvimos en Miño, cuando buscábamos una conexión entre el camino inka (Tramo 1) y la mina de cobre de Conacona. Pese a que recorrimos intensamente el área, no encontramos ramales con las características constructivas y de planificación que exhibe la troncal; sólo huellas troperas. Sin embargo, en la boca de la quebrada que conduce al yacimiento, localizamos el sitio MI-19, un pequeño asentamiento inkaico con una serie de bases de estructuras circulares y al frente, sobre la ceja del cañón, un sitio de fundición de mineral de cobre, incluyendo restos de huayras (MI-20). Escorias como las halladas en este último sitio, fueron encontradas también en la vecina instalación inkaica de Kona Kona 2 (MI-2). Si bien se necesitaría una investigación más profunda para confirmar la articulación y entender el funcionamiento de estos sitios, suponemos que el mineral extraído en Conacona era molido y seleccionado en el lugar, acopiado en MI-19, fundido en elevaciones azotadas por el viento, como MI-20, y transportado en lingotes, quizás para ser almacenados en las bodegas de MI-1/MI-2 o llevados directamente hacia otros puntos. SBa-162 (Tramo 7), puede haber servido funciones similares a MI-1/MI-2 en la cadena de transporte de la producción de Conchi Viejo y San José del Abra.

Hipótesis 8: La principal función del camino inka del Alto Loa fue el acceso a los yacimientos cupríferos de Conchi y Chuquicamata y operar como vía de transporte de estos minerales.
El alineamiento del Inkañan en el Alto con los ricos yacimientos de cobre de la Cordillera del Medio, así como el carácter especializado de MI-19 y MI-20, favorecen fuertemente esta hipótesis. La motivación inkaica fue minera, ya sea orientada a la metalurgia (Núñez 1999), a la lapidaria (Salazar 2002) o a ambas cosas. En cambio la agricultura, el pastoreo, la caza y la recolección, fueron actividades de subsistencia local, pero también de apoyo a los contingentes mineros, funcionarios, caravaneros y viajeros. En este sentido, puede concluirse que la vía troncal, desvíos y huellas troperas informales sirvieron necesidades de comunicación, transporte y apoyo logístico para la explotación inkaica de recursos mineros valiosos. En términos del MSL, el cuadro que surge es que el Sistema Septentrional estuvo relacionado con el vecino Distrito Minero de Collaguasi y el Sistema Meridional con el cercano Distrito Minero de Conchi Viejo/El Abra. En este contexto, los sitios primarios habrían operado como verdaderas plataformas político-administrativas, donde las autoridadades estatales agasajaban a mineros, agricultores y pastores para reciprocarprestaciones colectivas de trabajo al Estado (m’ita). La cerámica, así como las excavaciones de bodegas y otras estructuras, son consistentes con esta interpretación.

Objetivo 9: Determinar qué grupos culturales ajenos al valle estuvieron involucrados en las operaciones inkas en el área.
No se encontraron enterratorios que permitan abordar este punto con mayor rigurosidad. Y desde los fragmentos cerámicos únicamente, es difícil identificar poblaciones. Por ahora, sólo es posible visualizar cerámicas circulando por el camino, aunque con un alto valor y manejadas por individuos seguramente vinculados al Estado (cerámica Cuzco Policromo, como en MI-1/MI-2 y SBa-162) y a dominios provinciales (Yavi-La Paya hacia el sur del Alto Loa, núcleo atacameño y NOA; Saxamar o Inka Pacajes hacia el norte del Alto Loa y cerca del altiplano meridional). Por ejemplo, en el camino inka las reducidas evidencias de vasijas Diaguita (DIA), del Norte Chico de Chile, parecieran estar en directa relación con las funciones de presentar, servir y consumir alimentos, incluso en contextos “especiales”. Fueron usadas o almacenadas en los mismos asentamientos para su traslado y uso, de acuerdo con prácticas estatales de carácter ceremonial y político, en las que se emplearían estas piezas como ofrendas o “regalos” para generar o afianzar lazos con el Tawantinsuyo (Uribe 1996). Esto es comparable con la presencia de otras cerámicas y piezas exóticas (Uribe y Agüero 2003), como la alfarería Saxamar-Inka Pacajes del Altiplano Meridional, Yavi-La Paya del Noroeste Argentino e incluso Copiapó Negro sobre Rojo, que sugieren el uso de objetos especiales a modo de bienes suntuarios en esta categoría de sitios viales y otros vinculados con la explotación minera y agrícola local. En consecuencia, proponemos que la escasa, parcial y especial presencia de esta cerámica exótica, así como cierta popularidad de ejemplares Inka Local a lo largo del Inkañan del Alto Loa, no remiten necesariamente a poblaciones, tampoco al mayor grado de integración con sus centros de origen (p.e., en términos de dominio directo versus indirecto [sensu Llagostera 1976]); remiten más bien a la participación dentro de una compleja estructura sociopolítica, que representaría la suma de distintas funcionalidades y jerarquías desplegadas en los territorios conquistados (D’Altroy et al. 1994; Hyslop 1993[1986]; Lorandi et al. 1988), en este caso pertenecientes a la parte meridional del Imperio o Kollasuyu. Con todo, admitimos la posibilidad de que haya habido ingreso de poblaciones foráneas, al menos en un caso. Esta inferencia responde a ciertas modificaciones que se producen en las tradiciones cerámicas locales, en particular el cambio hacia las pastas con mica, que tienen un claro referente en la puna del Noroeste Argentino. Este cambio puede haber sido fomentado por poblaciones trasandinas que manejaban esa tecnología. Por lo demás, este proceso coincide con la tendencia que muestran las tradicionales cerámicas DUP y AYQ a desaparecer en el Horizonte Tardío.
Hipótesis 9: Los grupos foráneos no inkaicos involucrados en la explotación de estos yacimientos provenían, esencialmente, de regiones trasandinas.
Esta hipótesis fue refutada, pero con cierto matices. La cerámica exótica encontrada a lo largo de la arteria y sus sitios laterales, demuestra que hubo interacción con grupos culturales foráneos no inkaicos -al menos del Noroeste Argentino, del altiplano meridional de Bolivia, incluso de más al norte- pero no, necesariamente, que hubo ingreso de esas poblaciones al Alto Loa. Es más, la cerámica local o atacameña es abrumadoramente mayoritaria en todos los sitios inkaicos del valle, incluso en el más lejano y “fronterizo” Sistema Septentrional. Sin embargo, el cambio tecnológico notado en la cerámica local hacia las pastas con mica, sí sugiere el ingreso de contingentes de la puna jujeña. Con todo, es difícil que éstos hayan sido gravitantes en las faenas propiamente mineras, ya que la experiencia local en esa actividad era mayor y de muy larga data en Atacama (Núñez 1999). Adicionalmente, diríamos que la preponderancia de cerámica local e Inka Local en el valle, marca un fuerte contraste con el “patrón tarapaqueño”, no visualizándose situaciones de dominio inkaico mediado por centros trasandinos y menos por centros altiplánicos, como ocurriría en territorios más septentrionales del norte de Chile.

ARQUEOLOGIA DEL SISTEMA VIAL DE LOS INKAS EN EL ALTO LOA, II REGION DE CHILE

RECONOCIMIENTOS Colaboraron en este Proyecto las siguientes personas: Rolando Ajata (SIG), Constanza Aliaga (relevamiento de arte rupestre), Diego Artigas (análisis de arte rupestre), Julio César Avalos (análisis implementos de molienda), Carolina Belmar (arqueobotánica), José Blanco (excavaciones), Gloria Cabello (prospecciones, excavaciones, análisis de cerámica y de arte rupestre), Paulina Chávez (dibujos de cerámica), Luis Cornejo (análisis estadístico de fechas), Soledad Donoso (excavaciones y catalogación de materiales), Sylvia Dümmer (dibujos de arquitectura), Magdalena García (excavaciones), Carlos González (Memorista), Pedro Hernández (prospecciones y cartografía digital), Sebastián Ibacache (excavaciones), Rafael Labarca (análisis osteofaunístico), Patricio López (análisis osteofaunístico), José Luis Martínez (prospecciones en Lípez), César Méndez (análisis líticos), Sergio Morales (topografía), Axel Nielsen (prospecciones y excavaciones en Lípez), Eugenio Pavlovic (topografía), Luciana Quiroz (arqueobotánica), Álvaro Reyes (excavaciones), Alejandra Sejas (análisis de cerámica), Carole Sinclaire (excavaciones), Jimena Torres (excavaciones y catalogación de materiales), Malena Vásquez (excavaciones), Alejandra Vidal (excavaciones), Simón Urbina (análisis arquitectónico)y Gabriela Urízar (excavaciones). La Dirección de Obras Hidráulicas de Calama proporcionó hospedaje para el equipo en el Embalse de Conchi y la Empresa de Servicios Sanitarios de Antofagasta hizo lo mismo en la Captación Lequena. Estamos muy agradecidos de Luisa Huánuco y familia, quienes nos facilitaron dependencias de su estancia para guardar nuestros materiales de campo. Nos sentimos igualmente en deuda con los pastores Juan Galleguillos, Nicolás Aimani y Marino Gabriel, quienes compartieron generosamente con nosotros sus conocimientos sobre el área de estudio. Además, Marino y su esposa, Juana Chayapa, nos acogieron gentilmente en su estancia de Chela con motivo de nuestras expediciones.

Contextualización y análisis de los restos óseos humanos más antiguos de Patagonia: cueva Baño Nuevo 1

Investigador responsable: Francisco Mena L.
Financiado por Fondecyt, proyecto n° 1030560
Marzo 2003 a marzo 2006

La cueva de Baño Nuevo es un sitio arqueológico de excepcional interés a nivel nacional e internacional. Incluye el contexto cultural más antiguo conocido a la fecha en la región de Aisén (cuatro o cinco mil años antes que el que le sigue) que, junto a tres o cuatro sitios en actual territorio argentino, representa uno de los poquísimos ejemplos de ocu paci ón humana en la transición Pleistoceno-Holoceno en la cordillera centropatagónica (ninguno de los cuales tiene fechas anteriores al 10000 AP, ni fauna extinta, como tampoco los tiene Baño Nuevo). En este componente inferior se ha recuperado además uno de los cuatro esqueletos humanos fechados directamente antes del 8000 AP en todo SudAmérica, y es altamente probable que restos de otros cuatro individuos en el sitio tengan una antigüedad similar. Considerando la escasez de este tipo de evidencias en tiempos del poblamiento inicial del Nuevo Mundo (la calidad y cantidad de fechas directas lo hacen solo comparable a Kennewick, esqueleto ampliamente discutido en la literatura especializada y periodística en el mundo siendo que es posterior a Baño Nuevo y no se halló en contexto), y la creciente importancia de hipótesis que señalan que las primeras poblaciones americanas pudieron ser distintas de los indígenas actuales, estos esqueletos deben ser estudiados en su contexto con el mayor rigor que permiten los medios actualmente disponibles.
Considerando, por otra parte, que las excavaciones previas fueron de carácter exploratorio y que la cueva -aparte de ser pequeña- ha sufrido ya algunas destrucciones vandálicas y sondeos clandestinos, es urgente volver a investigarla, con el fin de reevaluar su estratigrafía, ampliar y sistematizar las excavaciones, y ubicar el sitio en su contexto regional y paleoambiental. Pese a que algunos de los esqueletos han sido fechados directamente y no hay dudas de su antigüedad (se propone también fechar todos los demás), la importancia de reevaluar la estratigrafía y procesos de formación sedimentaria, se relaciona con hipótesis acerca de la coexistencia de fauna pleistocénica y seres humanos. Aunque la estratigrafía parece intacta, el hallazgo de fechas radiocarbónicas invertidas o en asociaciones inesperadas (ej. 11000 y 9000 AP en un mismo rasgo) despierta una serie de dudas y preguntas que sólo pueden resolverse con un estudio detallado de procesos de formación sedimentaria, que un sitio de esta importancia requiere.
A este último objetivo contribuye también el ampliar las excavaciones en la cueva, puesto que -por una parte- las excavaciones pioneras de Bate registraron evidencias (ej. huesos caballo americano) y asociaciones que no se observaron en las excavaciones de 1996 y bien pueden corresponder a diferencias de microlocalización y que -por otra- los últimos trabajos permitieron remover parte importante del derrubio superficial que cubre las capas arqueológicas, haciendo aumentar el potencial de excavación de este pequeño yacimiento.
Por último -y puesto que las excavaciones anteriores han sido exploratorias- no sabemos absolutamente nada del contexto regional del sitio, y se proponen prospecciones sistemáticas y sondeos, no sólo con miras a registrar nuevas evidencias arqueológicas, sino también a conocer el es paci o circundante (ej. si hubo más cuevas o aleros útiles como madriguera no podría explicarse la alta frecuencia de cánidos en la cueva como simple efecto de la inexistencia de refugios alternativos, debiendo explorarse “explicaciones” que involucren factores antrópicos). Con respecto al contexto paleoambiental de estos hallazgos, se propone hacer estudios intrasitios (ej. análisis isotópico de sedimentos) y extra-sitio (ej. perfiles polínicos) con el fin de conocer mejor las características del medioambiente en momentos de las ocu paci ones culturales.

Tecnología textiles precolombinas de los andes: su registro, reproducción, clasificación y difusión hacia la cultura contemporánea. Relaciones entre configuración visual y tecnologías empleadas

Investigador responsable Soledad Hoces de la Guardia Ch.
Co-investigador Paulina Brugnoli B.
Co-investigador Paulina Jélvez H.
Alumnas tesistas Rosa López, Paulina Castro
Personal de apoyo Cecilia Rubilar
Diseño Tania Gómez
Investigador visitante Mary P. Frame (Canada)
Proyecto Nº 1010282, financiado por FONDECYT
Duración : 2 años

Los artefactos textiles han cumplido y cumplen un rol fundamental en la identidad y supervivencia cultural de los pueblos andinos, por ello se constituyen en el principal soporte visual de expresión y comunicación de su cosmovisión e ideología. A través de miles de años, los artistas textiles del área andina precolombina fueron incrementando sus logros tecnológicos y estéticos, desarrollando un nivel de excelencia universalmente reconocido.
En este proyecto se plantea como objetivo agregar a la línea de investigación ya iniciada, el estudio de piezas pertenecientes a culturas del Centro-Sur Andino como; Arica, Tarapacá y Atacama para establecer las diferencias de manufactura y soluciones texturales y cromáticas de su configuración visual. Incorporando cuando la investigación lo requiera, piezas textiles recientemente ingresadas a la colección del Museo Chileno de Arte Precolombino para completar, revisar, actualizar e integrar en un conjunto coherente la información obtenida.
Siguiendo la metodología desarrollada en anteriores proyectos, las piezas serán sometidas a: análisis y registro de carácter tecnológico y observación de los aspectos de percepción táctil-visual que incluye la medición de su registro cromático. Estos datos nos permitirán precisar la asignación cultural de las piezas según sus rasgos tecnológicos y su lenguaje estético.
Otro de los objetivos de este proyecto es proponer estrategias adecuadas para la comunicación de estos estudios, explorando distintos soportes comunicacionales que posibiliten su llegada a diferentes estratos socio-culturales a través de:
– Una maqueta de publicación para un Manual de Tecnologías Textiles Precolombinas Andinas donde se expliciten las clasificaciones de estructuras, técnicas decorativas y terminaciones por cultura, mediante muestras tejidas y teñidas, complementadas con dibujos y un glosario de terminologías.

– Carta de color de los textiles precolombinos de Arica, Tarapacá y Atacama.

– Un CD que permita incorporar distintos tipos y niveles de información audiovisual que vinculen una pieza textil con su contexto arqueológico. Dando cuenta de su configuración visual a través de esquemas e ilustrando la gestación estructural de sus superficies.

Investigar los textiles precolombinos nos permite revalorar los conocimientos y prácticas del patrimonio cultural vivo andino, los tejedores (as) de comunidades tradicionales. Producir y poner a su alcance un material congruente con sus prácticas textiles, como el Manual de tecnologías y de Cartas de color aquí propuestas, facilita el diálogo a través del oficio y una mayor comprensión de nuestra parte, del sentido andino de estas tecnologías.
Los textiles son un material que exige práctica y conocimientos especializados, lo que suele ocasionar postergaciones en su tratamiento y estudio en relación a otros materiales en las investigaciones arqueológicas. Nuestra investigación documenta, apoya y estimula el trabajo de especialistas como: investigadores, docentes, arqueólogos, antropólogos, historiadores del arte, restauradores y creadores del área textil, arte, artesanía, diseño e industria. Quienes según sus intereses pueden complementar sus trabajos con un material documentado y procesado.
El comunicar con eficiencia este amplio espectro técnico, tipológico y expresivo de los textiles precolombinos andinos, es hacer de puente cultural activando la memoria para reconocer las constantes que se han ido reinterpretando en un lenguaje táctil-visual de gran impacto estético.A través de la investigación, comprensión y difusión del patrimonio textil andino es posible contribuir a enriquecer procesos identitarios en un mundo altamente tecnologizado y en creciente globalización

Entre la oralidad y la arqueología: Caminos y senderos prehispánicos desde el Loa hasta Atacama

Investigadores : Victoria Castro, Carlos Aldunate, Varinia Varela
Instituciones : Universidad de Chile y Museo Chileno de Arte Precolombino
Financiado por Fondecyt 10 11 006

El proyecto tiene por objeto prospectar y cartografiar segmentos específicos de senderos y caminos prehispánicos (inkas y preinkas), coloniales y republicanos que articulaban diferentes localidades situadas entre Ollague y Catarpe, en San Pedro de Atacama.
Utilizando el Sistema de Información Geográfico (SIG) como una referencia metodológica, el proyecto pretende registrar nuevos segmentos del “Camino del Inka”, distinguir esta vía de caminos y senderos previos y posteriores con sus respectivas características de construcción, relevar los asentamientos asociados a estas rutas y demás elementos culturales, con especial énfasis en el arte rupestre.
Con este objeto, se han elaborado fichas que registran las características de las rutas, previamente clasificadas, con las que se ha formado una base de datos, que se vierte en el sistema SIG.
Se han aprobado proyectos complementarios de Colaboración Internacional, con investigadores de USA, Argentina y Bolivia, que permitirán la colaboración de colegas que han trabajado estos temas en Atacama y en países vecinos.
Para este proyecto son especialmente relevantes, fuera de la metodología arqueológica, los datos etnográficos, especialmente aquellos referentes a mitos, tradiciones y topónimos asociados a rutas y senderos en la región de estudio.
Hasta la fecha, y transcurridos dos años de este proyecto, se han prospectado las rutas de penetración desde Bolivia (Camino del Collao), situadas al sur de Ollague, se han recorrido las principales rutas que vinculan a esta región con Atacama (Catarpe), se han registrado nuevos tambos y asentamientos y sitios de arte rupestre vinculados con caminos. En algunos asentamientos de especial relevancia se han practicado pozos de sondeo, que permitirán obtener fechamientos y profundidad cronológica y cultural de los sitios. En los dos años que restan se deberán completar las prospecciones y finalizar los trabajos de gabinete.

La ventana indiscreta: Los pueblos originarios en el cine ficción y documental chileno bajo la mirada de una antropología visual

Investigador Responsable: Francisco Gallardo
Investigador Alterno: Margarita Alvarado
Coinvestigadores. Felipe Maturana, Gastón Carreño.
Financiado por Fondecyt, proyecto n° 1030029
Marzo 2003 a marzo 2005

Este proyecto tiene como propósito dar cuenta de las representaciones visuales de los pueblos originarios en el cine ficción y documental chileno. Desde un punto de vista analítico, se privilegiara la deconstrucción de la imagen por sobre la del discurso, y desde un punto de vista expositivo, se aplicara una tecnología audiovisual por sobre la escritura. La antropología visual se constituye, en tanto es capaz de proveer los medios para identificar los dispositivos o procedimientos que operan en un determinado campo de la construcción cultural de lo visible. La formas de producción visual que gravitan sobre la construcción de la imagen de los pueblos originarios en el cine comercial y el documental en Chile (desde los 60 hasta la actualidad) sugieren una ideología y utopía, en la que el “otro” aparece como una contrapartida positiva a las deficiencias infraestructurales de la vida urbana y el capitalismo en general. Esta hipótesis de trabajo abre la posibilidad de un doble resultado, pues si por una parte nos permite un acceso ante nuestro imaginario visual y cultural, por otra nos permite discutir la dicotomía clásica entre ficción y realidad propia de la historia del cine y el documental, sugiriendo que tal distinción no pertenece a la epistemología sino simplemente a mecanismos representación cultural. Finalmente, exploraremos en un modo de expresión audiovisual como alternativa a las tecnologías escriturales dominantes en la disciplina.

El Inkañán en el altiplano tarapaqueño y la dominación Inka en el Norte Grande de Chile

Proyecto Fondecyt Nº1050276

Investigador Responsable
José Berenguer R.
Coinvestigadores
Mauricio Uribe R.
Iván Cáceres R.
Cecilia Sanhueza T.

Durante los últimos 30 años, la interpretación de la dominación inka en el Norte Grande de Chile ha estado hegemonizada por el modelo de Llagostera (1976), quien sostiene que, al menos del río Loa al norte, la estrategia inkaica fue controlar los núcleos altiplánicos de los archipiélagos verticales preexistentes y así ejercer dominio indirecto sobre sus colonias en los oasis y valles del desierto. Mientras en los valles occidentales del extremo norte la tesis de un dominio indirecto ha tendido a mantenerse, recientes investigaciones en la II Región de Antofagasta favorecen la idea de un dominio directo, lo que implicaría que en algún punto del territorio intermedio (cuadrángulo Camiña-Isluga-Miño-Quillagua) y por razones que habría que investigar, hubo un cambio en las estrategias de poder imperial. Este territorio intermedio constituye una de las principales áreas de acceso desde el norte a la antigua Atacama, una región riquísima en yacimientos cupríferos, logísticamente vital para cruzar el así llamado “Despoblado de Atacama” rumbo a Chile y pivotal en las relaciones de larga distancia entre Tarapacá, el Noroeste Argentino y el Norte Chico. Sin embargo, el conocimiento de la ocupación inkaica en este territorio se halla prácticamente congelado a lo que se sabía hace tres lustros o más. El punto de vista en este proyecto es que estas relaciones verticales y horizontales no pueden sino haberse visto radicalmente afectadas durante el Tawantinsuyu y que el reciente progreso de la investigación en los valles occidentales, en el altiplano meridional de Bolivia y en Atacama, proporcionan una oportunidad inmejorable para reinsertar el cuadrángulo Camiña-Isluga-Miño-Quillagua dentro de la “conversación histórica” sobre la expansión inka en el Kollasuyu.

Proponemos examinar estas relaciones transversales y longitudinales entre grandes áreas de asentamientos o “nodos”, desde la perspectiva internodal ofrecida por el sistema vial de los inkas en el territorio intermedio. Comúnmente se asume que por el altiplano tarapaqueño corre el “Camino Occidental” de los inkas, pero salvo estudios y menciones puntuales, referidas especialmente al extremo norte de la Región de Tarapacá, nunca se ha investigado sistemáticamente por dónde pasa exactamente su traza, qué características y componentes presenta, y de qué manera la vía, sus asentamientos laterales y marcadores camineros, se relacionan con los asentamientos preexistentes del altiplano, las quebradas y el desierto tarapaqueño. En este proyecto, aislamos un estrecho transecto norte-sur del altiplano tarapaqueño de 220 km situado entre las localidades de Miño e Isluga (ca. 21° – 19° Lat. S), para un específico escrutinio del camino inka. Por una parte, este transecto une por la sierra los valles occidentales del extremo norte con la antigua Atacama, y por otra, se interpone en las rutas que vinculan el altiplano meridional de Bolivia con el desierto chileno. Una investigación socio-espacial focalizada en las expresiones materiales de los despliegues de poder sobre el espacio a lo largo de este trayecto del Inkañan, revelará aspectos ideológicos de la dominación física y simbólica de Tarapacá difícilmente abordables en otros contextos de la región y/o con otras estrategias teóricas y metodológicas. Nuestra expectativa es que el registro arqueológico de esta franja contribuya a discutir críticamente la dicotomía de Llagostera (1976) entre control inkaico directo e indirecto en la región.
Para esto, interesa: (1) identificar y registrar el trazado del camino inka entre Miño e Isluga, sus características constructivas, elementos laterales y asentamientos que conecta; (2) analizar la arquitectura inkaica o de otra naturaleza situada a la vera del camino; (3) analizar la variabilidad tipológica de los marcadores camineros; (4) recuperar información artefactual y/o ecofactual depositada en el camino propiamente tal, en asentamientos relacionados con él y en marcadores camineros; (5) contribuir, a través de la documentación etnohistórica a una discusión de las lógicas y estrategias ideológicas, simbólicas, político-territoriales y de acceso a recursos económicos o “étnicos” implementadas por el Tawantinsuyu en la región de Tarapacá, e identificar las prácticas de dominio que articularon esta región con territorios vecinos (Carangas, Pacajes, Lípez, Arica y Atacama); y (6) sistematizar y analizar la documentación etnohistórica del período colonial temprano relativa al trazado de los caminos inkaicos en la región, a rutas y circuitos de circulación locales e interregionales y su articulación con asentamientos, explotación diversificada y movilización de recursos.
Estos objetivos se abordarán mediante una metodología ya probada por nosotros en un proyecto que tuvo características similares, aunque una localización y alcances interpretativos diferentes (Proyecto Fondecyt 1010327). Esta metodología combina múltiples pero complementarias líneas de evidencia, incluyendo un estudio exploratorio (exégesis toponímica, análisis aerofotogramétrico, sig), reconocimiento previo de terreno, análisis de documentos etnohistóricos éditos e inéditos (siglos xvi-xix), prospección pedestre y de cobertura total, análisis arquitectónico (levantamiento topográfico y levantamiento analítico), traspaso de datos de campo a cartografía digital y base de datos, excavación de muestra representativa en tipología, tamaño y complejidad de seis asentamientos selectos, y análisis diversos de material cultural recuperado en terreno.

Cazadores recolectores de Chile central: Antes y después de la producción de alimentos y de la alfarería.

02

Financia: Fondecyt (N° 1060228)
Investigador Responsable: Luis E. Cornejo B.
Estado: Terminado marzo de 2010 (2006-2009)

A partir de los estudios realizados previamente en la cordillera del río Maipo, se propuso que la llegada de los cultivos, la alfarería y un tipo de asentamiento más sedentario a Chile Central no significó que todas las poblaciones abandonaran el antiguo modo de vida nómada heredado de tiempos Arcaicos. En este proyecto se pretendió explorar básicamente algunas problemáticas derivada de esta hipótesis. En primer lugar se intentó verificar si este fenómeno ocurría únicamente en la cordillera del Maipo o tenia expresión en otras regiones de Chile Central. En esta investigación se ha propuesto que en la localidad de Rungue-Montenegro (Cordón de Chacabuco), que une la cordillera Andina con la cordillera de la Costa, al norte de Santiago, también registran la presencia de estas poblaciones de cazadores recolectores tardíos. En segundo lugar, nos propusimos determinar el rango de tiempo en que se da la coexistencia entre estos cazadores recolectores y los grupos que ya habían adoptado un modo de vida más sedentario. Hasta ahora, todo parece indicar con fuerza que este fenómeno es propio del primero mileno de nuestra era, a partir del cual estas poblaciones nómades sólo continuaron existiendo en la alta cordillera y probamente muy vinculadas a lo que ocurría en los territorios trasandinos. Paralelamente nos propusimos evaluar en que mediad cambio el modo de vida de estos grupos por el hecho de coexistir e interactuar con poblaciones más sedentarias, progresivamente dependientes de los cultivos y productores de alfarería. Al menos hasta los primeros 500 años de nuestra Era, aparentemente, no se aprecia un cambio demasiado significativo en su forma de vida, el que sí podría ocurrir después del año 1000 d.C. producto de la formación en el Valle Central de la sociedad Aconcagua, ya de un carácter netamente agrícola.