Changos

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  • Ambiente y Localización

    Habitaron la costa del desierto de Atacama hasta Coquimbo y quizás más al sur. La costa del norte de Chile es una estrecha franja litoral flanqueada al este por la cordillera de la Costa y el desierto más absoluto y al oeste por el océano Pacífico, con la corriente de Humboldt.

    Esta fría corriente marina genera una variada fauna y flora marina en la región y, en términos climáticos, no permite la formación de nubes altas productoras de lluvias. Sin embargo, toda la humedad que se crea progresivamente por las brisas marinas se estaciona a lo largo de la escarpada cordillera costera, creando un fenómeno climático característico en este litoral que se conoce como “camanchaca”: una copiosa neblina que posibilita la presencia de ecosistemas costeros muy ricos y de gran biodiversidad en algunos tramos de la costa desértica.

  • Economía

    Fueron cazadores y pescadores marinos especializados y de gran movilidad, la que fue favorecida por el uso de balsa de cuero de lobo marino, una embarcación resistente y ágil que permitía la pesca de alta mar. Se construía con el cuero de cuatro lobos machos previamente ablandados en agua dulce, que se cosían para formar grandes bolsas de hasta tres metros que luego se inflaban por un extremo mediante una pequeña caña o tubo de hueso. Las costuras eran selladas e impermeabilizadas con aceite y grasa del mismo animal y en ocasiones cubiertas con pigmento mineral ocre. Con dos de estas bolsas se armaba la balsa, se amarraban los extremos con sogas y en la parte central se disponía un tablado de madera, atado a ambos lados, sobre el cual los navegantes podían sentarse a horcajadas o arrodillarse. Para desplazarse se usaban remos de madera de doble pala.

    Existen referencias históricas de principios de la Colonia que describen la presencia de estas balsas tanto al sur como en el litoral central de Chile. Más tarde, viajeros del siglo xix entregaron detalladas descripciones de esta embarcación y la registraron a través de grabados.

    Una balsa más pequeña era la de “tres palos” que también tiene antecedentes prehispánicos; sin embargo han quedado muy pocos testimonios de su uso en la costa del Norte de Chile y sólo la conocemos por modelos en miniatura que aparecen como ofrendas funerarias entre los pescadores tardíos de la cultura Arica. El modelo se compone de tres maderos, el central más largo, amarrados entre sí y decorados con líneas rojas transversales, y suele estar acompañado de un remo de dos palas hecho también a escala. Esta embarcación habría sido usada para viajes de larga distancia, y más común entre los pescadores del extremo norte chileno y el sur del Perú, a diferencia de la balsa de cuero de lobos cuyo uso se concentró de Tocopilla al sur, donde a falta de madera, el lobo de mar proporcionaba un excelente material alternativo.

    Pescaron atunes, congrios, tollos, lisas, dorados, bagres, jureles y pulpos. Cazaban pinnípedos y cetáceos, incluso ballenas. Se dice que imitaban el ladrido del lobo marino y así podían acercarse fácilmente. La técnica utilizada para la caza de las grandes presas marinas era arponearlas y dejarse arrastrar por ellas mientras se desangraban, luego, una vez muerta, la subían a la embarcación. Era labor de un solo hombre, que hería la ballena bajo la aleta cercana al corazón. Desde la orilla, todos observaban dónde varaba una vez muerta para allí comerla, desde adentro y desde afuera.

    La división del trabajo era especializada: cada grupo de pescadores se abocaba al pez que más les aficionaba. Hubo grupos que cazaban exclusivamente lobos de mar para confeccionar balsas que luego podían ser usadas por ellos mismos o intercambiadas con otros pescadores, aunque existía también trueque con la población de los valles y los oasis del interior del desierto de Atacama. Los principales productos de intercambio que ofrecían los changos eran recursos del mar: mariscos y pescados secos y salados (charquecillo), cueros y pieles de animales marinos, conchas y guano como fertilizante agrícola, todos bienes muy cotizados en las tierras interiores. A cambio, obtenían lana y otros alimentos, especialmente productos agrícolas, vitales para complementar su dieta como frutas, maíz, coca, etc. Es posible también que hayan desarrollado cultivos de pequeña escala en áreas de desembocadura de ríos y quebradas o en las proximidades de aguadas y vertientes de litoral costero.

  • Arte

    Los testimonios de cronistas coloniales y viajeros de la época republicana acerca de este aspecto son escasos, existiendo someras descripciones sobre su modo de vida, las embarcaciones y las viviendas o toldos transportables tipo “ruca” y algunos objetos materiales.

    Respecto a su vestimenta, se sabe que usaban atuendos muy simples fabricados con pieles de lobo marino, guanaco o vicuña para abrigarse y que se “embijaban” los cabellos con la grasa de estos animales, lo que hacía que sus cabezas brillaran con el sol, contrastando con la piel oscura de sus cuerpos.

    El utillaje doméstico, las herramientas y la vivienda fueron simples y la vez muy especializados para la economía marítima y el modo de vida nómada que practicaban. En su duración como pueblo, adoptaron materias primas, tecnologías y objetos que no existían en la costa desértica y los reacondicionaron, adaptándolos a sus necesidades más importantes, como ocurrió con la alfarería, la metalurgia y los textiles.

    La arqueología de los cementerios y los sitios habitacionales de la población costera de finales del período prehispánico y del contacto europeo, permite conocer un poco más acerca de sus artesanías. En cuanto a su indumentaria, se han registrado gorros tejidos con lana de camélido, diademas de plumas de pelícano, cobertores de piel de lobo de mar y mantas de lana y pellejo de aves marinas; entre las poblaciones más antiguas era común el uso de taparrabos de cuero o de cordones de fibra vegetal y lana de camélido. Los atuendos de algodón o lana suelen encontrarse muy reparados o reutilizados en otras funciones, sugiriendo que fueron bienes escasos y altamente valorados, la mayoría de ellos probablemente obtenidos por intercambio con los grupos agricultores y pastores del interior. Complementaban su vestimenta brazaletes y collares de cuentas de concha, piedras, huesos e incluso de dientes de lobo marino.

    También hicieron cuchillos y cucharas de concha. Sus vasijas de cerámica eran de uso doméstico, de un solo color, pero de varias formas, y las conseguían también a través de trueque con otras poblaciones. Con cobre fabricaron anzuelos y algunos ornamentos como aros, brazaletes y alfileres. La madera era un material muy escaso en la costa, por lo que la mayoría de los objetos como cajitas, tabletas o placas porta-plumas que se encuentran entre los enseres de los pescadores, son de proveniencia foránea.

    Pero sin duda, la manifestación artística más notable de los antiguos pueblos costeros es el arte rupestre. Emblemático es el sitio El Médano, ubicado en una quebrada al norte de Taltal. En 10 km de la quebrada se encuentran rocas y farellones pintados en rojo con escenas de estilo naturalista relacionadas a la vida pescadora de hace unos mil años. Los dibujos representan seres humanos cazando y arponeando desde sus balsas de cuero de lobo a peces, tortugas, lobos marinos y grandes cetáceos, como ballenas. También aparecen, junto a perros y/o zorros, algunas figuras de camélidos. Otros sitios arqueológicos de este sector costero presentan pinturas similares, así como grabados de mamíferos marinos (lobos, delfines y cetáceos) y fauna terrestre en plena captura, como en playa Las Lizas, al sur de Chañaral.

    Estas representaciones rupestres, que encierran una invaluable riqueza simbólica, fueron desarrolladas posiblemente para asegurar la subsistencia del grupo y su reproducción como sociedad, ante la eventual escasez o merma de los recursos marinos.

  • Organización Social

    Se ha planteado que estas poblaciones costeras se organizaban en bandas patrilocales, basadas en una familia nuclear o extensa, de carácter independiente y económicamente autosuficientes. Algunos autores sugieren que eran exogámicos, buscando sus mujeres en otros grupos, pueblos o etnias. Esto permitiría, por ejemplo, mantener la red de relaciones con el interior y por ende el intercambio. Leves diferencias en las ofrendas de algunos cementerios prehispánicos hablarían de algún grado de diferenciación social. Este modelo de organización social simple lo habrían conservado prácticamente invariable desde muy antiguo, pese a los contactos con otros grupos a través de su historia. Los cambios más profundos los habrían provocado los inkas y los españoles, quienes restringieron la movilidad de estos pueblos mediante la delimitación de sus territorios por intereses económicos. El Inka, por ejemplo, ejercía un particular control sobre las guaneras, así las zonas de explotación de los recursos marinos de los distintos grupos habrían sido demarcadas.

  • Culto y Funebria

    Las informaciones sobre las creencias religiosas de los changos históricos son bastante escasas. Se supone que sus actividades ceremoniales y rituales se vincularon directamente con el mundo del mar, cuya tradición podría remontarse hasta las arcaicas poblaciones de la cultura Chinchorro y del complejo Huentelauquén, entre las cuales el culto a los muertos ocupaba un lugar privilegiado.

    En tiempos prehispánicos, sepultaban a sus muertos acompañados de herramientas de trabajo y de otros objetos valiosos, desde arpones, arcos y flechas hasta embarcaciones en miniatura, lo que apoya la creencia de que seguirían con sus faenas marinas en otra vida.

    Las sepulturas son muy variadas, con diferencias por zona, pueblo o tal vez etnia a la que pertenecían. Los más comunes son cementerios en la arena de playa con fosas de poca hondura, con entierros separados por sexo y sepultados en posición horizontal extendida, algunas veces cubriendo ciertas partes del cuerpo con pintura roja. Otros fueron enterrados bajo las viviendas y otros en túmulos hechos con un emplantillado de piedra sobre el cual se depositaba al difunto y sus ofrendas, tapado por una acumulación de piedras formando un montículo.

  • Patrón de Asentamiento

    Como pescadores seminómadas, podían pasar días en las balsas, desplazándose longitudinal y latitudinalmente en función de la estacionalidad de sus recursos, ocupando gran parte del territorio costero. Se piensa que enfrentaban esta movilidad con dos estrategias complementarias. Una formada por grupos de varones o familias nucleares, que recorrían un sector costero de forma trashumante y establecían campamentos esporádicos en áreas de pesca o caletas a lo largo del litoral.

    Ellos dependían de la segunda estrategia: grupos de familias se agrupaban en comunidades y se asentaban de forma más estable en lugares privilegiados en recursos, principalmente en las desembocaduras de ríos y quebradas o en las cercanías de aguadas y vertientes. Constituían así campamentos de base semipermanente ocupados por temporadas más largas o una pequeña aldea, como ocurrió por ejemplo en Paposo, Cobija y Mejillones. Estas caletas jamás estaban totalmente deshabitadas. En ambos casos era común reocupar las bases de antiguas viviendas, que eran hechas clavando estacas de madera de cactus o de costilla de ballena en el suelo, luego se construía el techo colgando pieles de lobo y algas marinas.

    La familia se acostaba en su interior sobre algas secas y cueros. En sacos de cueros colgados de los postes de la vivienda, guardaban los alimentos y a ellos también colgaban sus redes en desuso.

  • Historia

    El término “chango” aparece documentado por primera vez a mediados del siglo xvii para denominar a toda la población que ocupaba el litoral costero entre Copiapó y Coquimbo. Con el paso del tiempo, el apelativo se amplió también a los pueblos pescadores que habitaban más al norte hasta el sur del Perú, conocidos hasta entonces como camanchacas, proanches o uros, todas denominaciones que parecían hacer referencia a un grupo étnico en particular de pueblos pescadores.

    Sin embargo, hablar de una etnia chango representa un problema, pues este nombre responde más bien a una forma de vida especializada en los diversos aspectos de la vida marítima, cuyas raíces se remontan a una tradición cultural de al menos ocho mil años. Los predecesores de los changos fueron poblaciones independientes, que convivieron con pueblos del interior del desierto que en distintos momentos del período prehispánico fueron colonizando el litoral del Pacífico. Parte de estas sociedades costeras pudieron ser continuadoras de la antigua tradición de los pescadores Chinchorro. Otros, posteriormente, pudieron haber adoptado algunos elementos culturales identitarios de los pueblos agroganaderos del Norte Grande a través de relaciones de intercambio, mientras que en épocas más tardías posiblemente estuvieron sometidos a la presencia y dominio Inka.

    Hoy no existen descendientes reconocidos de los grupos changos, dado el profundo mestizaje que ha ocurrido en los últimos siglos. No obstante, su modo de vida sigue siendo practicado por pescadores, algueros y orilleros desde Chañaral a Cobija, quienes mantienen mucho de la tecnología, la economía y el patrón de asentamiento de estas antiguas poblaciones del desierto costero.

  • Lengua

    Las fuentes etnohistóricas referentes a la lengua son muy escasas, por lo que no se conoce mucho acerca de ella. Algunos autores mencionan que era una mezcla de lenguas kunza y aymara, otros que hablaban mapudungun y entendían también el kunza. Esto apoyaría la tesis de la disparidad de grupos étnicos reunidos bajo el nombre de chango. También se sugiere la existencia de una lengua franca entre las poblaciones costeras, diferente a la de los valles del interior del desierto, que facilitaba la interacción entre ellos.

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