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¡Celebra con nosotros el Día del Patrimonio 2018!

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El domingo 27 de mayo, celebra el Día del Patrimonio 2018 en el Precolombino 🎉

Hemos preparado una programación especial para que vivas experiencias únicas junto a tu familia:

10:00 a 17:00 hrs: Exploradores del Precolombino (actividades para el público familiar)

Te invitamos a recorrer el Museo buscando las figuras de animales que habitan en nuestras piezas. Si las encuentras todas, ¡te llevarás un premio sorpresa! Además, podrás restaurar las piezas del museo en ¡Armemos las piezas! y descubrir a los animales que habitan América en Los colores de la fauna precolombina. (Sin inscripción).

10:00 a 17:00 hrs: Rutas guiadas temáticas con el equipo de mediadores del área de Educación. (Sin inscripción).

Vivir y morir en América precolombina: 10:00,  12:30 y 14:30 horas.

Lo femenino y masculino en América precolombina: 10:30, 13:00 y 15:00 horas.

El poder del vestuario: identidad, prestigio y autoridad: 11:30, 13:30 y 15:30 horas.

Olores y sabores precolombinos: 12:00, 14:00 y 16:00 horas.

10:00 a 17:30 hrs: ¡Gran venta de libros!

Las más prestigiosas publicaciones sobre arte precolombino, arqueología, antropología y literatura infantil, entre otras espectaculares ediciones del Museo, estarán a la venta con descuentos de hasta un 80%.

11:00 y 12:30 hrs: Historia y renacer a la vida: La restauración del Xipe-Tótec

Conoce los detalles del trabajo de restauración de una de las piezas más emblemáticas del Museo. Con Luis Solar, conservador y restaurador del área de Colecciones del Museo. (Sin inscripción).

11:00 y 12:30 hrs: Una mirada desde el buen vivir

Recorrido guiado por la exposición del Portal junto al fotógrafo Marcelo Arriola. (Sin inscripción).

11:30, 12:30, 15:00 y 17:00 hrs: Los tesoros del inframundo

Experiencia única para conocer el trabajo de registro y restauración del área de Colecciones, además de un adelanto a la nueva exposición que prepara el Museo. Cupos limitados, inscripciones en recepción el 27 de mayo.

11:00, 12:30 hrs: Tejiendo historias

Visita a la Sala Textil junto a la curadora Carole Sinclaire.  Cupos limitados, inscripciones en recepción el 27 de mayo.

11:00, 12:30, 15:00 y 17:00 hrs: Texturas, colores y diseños

Recorrido textil por Chile antes de Chile junto a Carla Díaz, coordinadora del área de Educación. Cupos limitados, inscripciones en recepción el 27 de mayo.

15:00 y 17:00 hrs: Taira, el amanecer del arte en Atacama

Última oportunidad para visitar nuestra exposición temporal, en un recorrido mediado junto a la curadora Carole Sinclaire. Cupos limitados, inscripciones en recepción el 27 de mayo.

¡Te esperamos!

José Berenguer: “Hasta en el más desierto de los desiertos siempre se encuentra algo”

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José Berenguer es curador jefe del Museo Chileno de Arte Precolombino y uno de los arqueólogos de la investigación Navegantes del desierto: cuando el cielo se inscribe en el camino, que comprobó la existencia de saywas astronómicas en el desierto de Atacama.

La expedición, a cargo de la historiadora Cecilia Sanhueza, investigadora adjunta del Museo Precolombino, sorteó la altura, aridez y temperaturas extremas del desierto para poder afirmar que las saywas, columnas de piedra construidas hace 500 años por los incas, están relacionadas con los equinoccios, solsticios y otros eventos astronómicos, a través de su alineamiento con el sol al amanecer y mediante la sombra que sus rayos proyectan sobre el suelo.

¿Cuándo comenzaste a trabajar con Cecilia Sanhueza, investigadora de este proyecto?

 El año 2001 invité a Cecilia a trabajar en un proyecto Fondecyt sobre el Camino del Inca en la Región de Antofagasta. Ella no es una etnohistoriadora típica, que se queda en el escritorio trabajando solo con documentos, sino que tiene experiencia en terreno, tiene mucha práctica de trabajar con arqueólogos en campo. En vista de eso, la invité a ese proyecto y después al siguiente, en el primero de los cuales recorrimos el Camino del Inca del valle del Alto Loa centímetro a centímetro, metro a metro. Era la primera vez que se hacía y nos tomó varios meses, fueron más de 150 kilómetros. Ella recorrió ese trayecto palmo a palmo con todos nosotros y en el transcurso de ese trabajo se fijó en las saywas que había junto al camino. Al final terminó haciendo su tesis doctoral sobre este tema. Diez años después, cuando se trasladó de San Pedro de Atacama a Santiago, le ofrecimos que siguiera con su investigación sobre las saywas bajo el alero institucional del Museo. Y ella me invitó a participar en su investigación. Mientras ella se concentraría en las actividades o interacciones entre las saywas y ciertos fenómenos astronómicos, yo haría la arqueología de esos tramos de camino incaico.

¿Cómo fue la experiencia de las idas a terreno?

Bastante buena, porque logramos conformar un equipo muy experimentado. Con el apoyo de BHP/Minera Escondida, montamos expediciones integradas por arqueólogos y también por astrónomos y fotógrafos de ALMA, además de contar con asistencia logística de CONAF. Fuimos a lugares muy altos, y sobre todo desolados, en medio del “Gran Despoblado de Atacama”, que es como llamaron los españoles a esa zona del desierto al verla tan seca, árida e improductiva. En la primera expedición, por ejemplo, estuvimos prácticamente una semana y en todo ese tiempo no vimos a ninguna persona. Un animalito por ahí y algún avión de línea cruzando el cielo, nada más. Para nosotros era un lugar muy especial, porque habíamos leído las crónicas de los españoles que describían este desierto enorme, fiero, donde paradojalmente los incas habían trazado su camino. Nosotros, con equipos del siglo XXI, camionetas, carpas, dispositivos para combatir las bajas temperaturas y todas las comodidades que hoy día existen para este tipo de expediciones, tuvimos problemas con la altura y el frío, y eso que la primera vez fuimos a comienzos del otoño y no durante el invierno. En algunos momentos nadie podía dormir por la puna o “soroche”. Aun con todo ese equipamiento, pudimos percibir algo de lo que deben haber experimentado los españoles e indígenas que pasaron por ahí en 1536 con Diego de Almagro o en 1540 con Pedro de Valdivia. Estábamos acampados en la ladera oriental de la cordillera de Domeyko, un lugar muy interesante, por donde pasaron registrando el camino inca arqueólogos como John Hyslop y Hans Niemeyer a principios de la década de los 80. Pero nuestra aproximación a este eje vial fue diferente a la de ellos, en el sentido de que no nos interesan solamente los tambos, tambillos, chaskiwasis y otros sitios de enlace, sino también las características físicas de la arteria y su trazado específico.

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Jimena Cruz, investigadora atacameña, realiza un “pago a la tierra” previo a la salida del sol en el equinoccio de otoño. ©RalphBennett

¿Cómo fue para ti el momento en el que logran comprobar la hipótesis de la investigación, cuando sale el sol y se traza una línea perfecta entre las saywas?

Fue un momento literal y figurativamente estelar para todos nosotros. Eso es lo que tiene de fascinante la investigación científica, porque después de las conjeturas, de la teoría, de hipotetizar diferentes maneras de cómo se podría presentar el fenómeno que se está investigando -en el caso de Cecilia Sanhueza, anticipar la posible asociación entre estas columnas de piedra incaica y ciertos fenómenos astronómicos-, lo que todo investigador busca es la evidencia que confirma la hipótesis. Nos preparamos para eso, sabíamos que venía, lo teníamos claro porque eran fechas fijas, una de ellas el equinoccio de otoño que es una de las dos veces en que el sol “pasa” por el Ecuador en su trayectoria por la eclíptica. Fuimos en marzo a Vaquillas, un lugar ubicado más o menos a la altura de Taltal, pero en la alta cordillera. Integraba el equipo Jimena Cruz, que es una investigadora atacameña de San Pedro de Atacama. El timing fue extraordinariamente bueno, porque nos instalamos junto a las saywas de noche, cuando aún estaba oscuro. En un momento la corona del sol comenzó a recortarse en el oriente, en la Cordillera de Los Andes, y Jimena Cruz realizó un rito de “pago a la tierra”, que consistía en hacer una “mesa” ritual andina con hojitas de coca, alcohol y cigarros. Cada miembro participó en la ceremonia. Cuando el último de los 10 integrantes de la expedición terminó de realizar su parte del ritual, justo entonces empezó a salir el sol. Por eso digo que el timing fue perfecto. El sol salió por el cerro Lastarria, perfectamente alineado con las dos saywas. En seguida, la sombra de una de ellas comenzó a proyectarse sobre el suelo  hasta tocar la otra. Fue impactante, salió exactamente como predecía la ciencia. Este es un logro extraordinario. De ahí se origina una serie de nuevas hipótesis, tales como por qué y para qué fueron construidas esas saywas, qué pasa cuando el sol sale, por ejemplo, en el solsticio de invierno o de verano, y la sombra se proyecta hacia otro lado, formando un ángulo con la proyección anterior. Esperamos conseguir fondos para poder continuar con esta investigación.

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Salida del sol en Vaquillas. ©Pepcandela

¿Por qué es posible afirmar que existe un elemento calendárico?

En realidad, no lo sabemos exactamente. Quizás es porque cuando se tiene un ángulo por donde pasa el sol en el solsticio de invierno, el solsticio de verano y los equinoccios, se puede subdividir este ángulo en partes iguales, fijando en el suelo todos los meses del año. Pero nuestra pregunta fundamental es ¿por qué venían a este lugar tan despoblado, tan al sur, a edificar estas columnas de piedra? Es difícil que los incas hayan privilegiado esta zona por la nitidez de sus cielos, como lo hace hoy en día la astronomía mundial, pero la coincidencia en seleccionar esta zona ahora y también hace 500 años no deja de ser una cuestión interesante. Por lo general, lo más importante de la investigación científica no son tanto las respuestas como la calidad de las preguntas. Y esta es una pregunta de calidad, porque apunta al conocimiento sobre la sociedad, el tiempo, el calendario, el espacio y el cielo.

Que son las mismas preguntas que nos seguimos haciendo hoy y que ya se hacían los Inca.

Correcto. En ese sentido, yo diría que hay una gran alegoría. Hoy en la Región de Antofagasta hay una gran presencia de observatorios astronómicos y en Chile se ha ido generando una “cultura de los cielos”, estamos produciendo científicos en un número mucho mayor, que están preocupados de la astronomía. Pero resulta que este no es un tema reciente, sino que, como demostramos con la reciente exposición Taira, el amanecer del arte en Atacama, hace 2.500 años ya había una preocupación por la astronomía. La astronomía no es un tema de unas pocas décadas atrás, sino de hace unos cuantos milenios en Atacama. Con los incas es lo mismo, eso es fundamental decirlo. La astronomía moderna no está directamente ligada a la subsistencia, la economía, la religión y/o la política. En el pasado, en cambio, todo este conocimiento era aplicado para esos fines.

¿Qué destacarías de los logros de esta investigación?

Hay varias cosas. A mí me pone muy feliz el logro alcanzado porque estoy dedicado a investigar la vialidad prehispánica del norte de Chile hace 25 años, desde mi tesis doctoral. Estudiando los senderos troperos, que son vías de circulación que se adaptan a la forma del terreno, o sea, que no son planificados sino que hechos por el trajinar de los transeúntes, me di cuenta que entre las aldeas, que nosotros llamamos “nodos”, había espacios que se consideraban vacíos pero que están llenos de restos rituales, entierros antiguos, ofrendas, petroglifos, incluyendo columnas. Reparamos en que estos espacios eran lo menos vacío que hay. Esa constatación originó el concepto de espacios de internodal que hemos trabajado con otros dos colegas; dejamos de hablar de “espacios vacíos”, estériles o improductivos, que son conceptos valorativos que han dado pie para que los Estados Nacionales superpusieran sus territorialidades sobre las territorialidades indígenas. Los estudios de camino han mostrado que el hecho de que un espacio sea percibido como vacío por la sociedad no significa que para los indígenas también lo sea. Los espacios vacíos o “internodales” nunca están vacíos. Hasta en el más desierto de los desiertos siempre se encuentra algo. Esa es la noción general que este tipo de investigación ayuda a comprobar. Además, aquí hay elementos que dicen relación con el mayor imperio prehispánico de América y con la estructura más grande construida en el continente por las comunidades indígenas: el Camino del Inca.

Entrevista: Oriana Miranda

Taller de Figuras en anillado cruzado

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Las figuras en malla anillada cruzada es una técnica textil tejida con aguja que va generando maravillosas figuras volumétricas o bordadas pertenecientes a las cultura Nazca y Paracas. El objetivo del curso es aprender a elaborar figuras asociadas a los pictograbados de la zona atacameña, inspirados en el arte rupestre de Taira.

El taller, impartido por la profesora Susan Herz Quito, incluye un recorrido por la exposición temporal Taira, el amanecer de arte en Atacama.

Cupos: 15 personas (máximo)

Duración: dos sesiones

Fechas y horarios: sábado 26 de mayo de 10:00 a 14:00 y sábado 2 de junio de 10:00 a 13:00

Valor: $42.000. Incluye materiales, inscripción a la biblioteca del Museo por un año y certificado de participación.

Consultas: Carla Díaz al correo cdiaz@museoprecolombino.cl

DESCARGA EL PROGRAMA DEL TALLER DE FIGURAS EN ANILLADO CRUZADO

INSCRÍBETE EN EL TALLER DE FIGURAS EN ANILLADO CRUZADO

¡Cupos agotados!

El arte de ser diaguita: Exposición con más de 170 piezas emblemáticas llega a La Serena

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El Museo Chileno de Arte Precolombino y BHP / Minera Escondida presentan El arte de ser diaguita, exposición enfocada en la extraordinaria riqueza, colorido y permanencia de las manifestaciones artísticas de la cultura diaguita chilena. La muestra estará abierta al público de forma gratuita desde el 27 de abril en el Museo Arqueológico de La Serena (Cordovéz esquina Cienfuegos).

La exposición presenta 179 emblemáticas piezas de cerámica, piedra, hueso y metal de la cultura diaguita. El público se encontrará con dimensiones que se desconocen: un mundo nuevo, explorando el trasfondo ritual, religioso y chamánico de esta cultura. Cabe destacar que ninguna cultura precolombina en Chile despliega los diseños geométricos con mayor maestría que la diaguita.

Se trata de un viaje circular del presente, al pasado y al presente nuevamente. Imágenes de los Bailes Chinos (declarados por la UNESCO el año 2014 como Patrimonio Inmaterial de la Humanidad) recibirán al público bajo el sonido repetitivo, vibrado y raspado de las flautas, para conducirlos hacia los tiempos ancestrales del mundo prehispánico. El recorrido los llevará a aprender quiénes fueron los diaguita: el paisaje en el que vivían, sus medios de subsistencia, sus artesanías más notables, la organización de su sociedad y su ubicación dentro de los desarrollos culturales del Norte Chico.

El director del Museo Precolombino, Carlos Aldunate, explica que “esta exposición destaca la historia diaguita que, al ser impactada por la expansión incaica se constituyen como aliados del Inca, facilitando la conquista de Chile Central y Copiapó. También se exhiben los testimonios que perviven de este pueblo precolombino en las actuales comunidades que se identifican como diaguita”.

El curador de la exposición, José Berenguer, agrega que la tesis principal de la muestra es que en el Norte Chico existieron y existen todavía múltiples maneras de ser diaguita. Eso se observa en los diferentes estilos de cerámicas, en las identidades en transformación por el paso de la vida a la muerte, el trance chamánico, las formas de vestir de los diaguitas precolombinos, pero también en que cada habitante actual del Norte chico se siente diaguita a su manera.

Formas de ser diaguita

La variedad de estilos desarrollados por los alfareros diaguita estará presente en la exhibición mostrando su historia como sociedad independiente (900 – 1400 d.C.) y la variedad de estilos que fusionan motivos locales y cuzqueños durante el periodo en que estuvieron dominados por los inkas (1400 – 1535). Estos estilos de vasijas, con los nombres otorgados por los arqueólogos que las estudiaron, son interpretados en esta exposición como formas de ser diaguita, expresando las distintas formas de asumir la identidad.

Dentro de la exposición se podrán ver cortometrajes sobre los actuales diaguita de las comunidades Taucan y Huascoaltina y sobre los creadores populares que, de una otra forma, se sienten también diaguitas y mantienen el ímpetu artístico empezado en el Norte Chico a comienzos del milenio pasado.

La exhibición presenta piezas pertenecientes a las colecciones del Museo Precolombino, Arqueológico de La Serena, del Limarí, Andino y la colección particular de la familia Domínguez-Domínguez. Proyecto presentado por BHP / Minera Escondida, acogido a la Ley de Donaciones Culturales y apoyado por el Consejo Nacional de la Cultura y las Artes.

Coordenadas:

Muestra Temporal: El arte de ser Diaguita

Lugar: Museo Arqueológico de La Serena (Cordovéz esquina Cienfuegos)

Fecha: Desde el 27 de abril hasta agosto de 2018

Horarios: Lunes a viernes de 9:30 a 17:50 horas, sábados de 10:00 a 13:00 y de 16:00 a 19:00 horas, domingos y festivos de 10:00 a 13:00 horas.

 ENTRADA LIBERADA

Taller Modelando nuestra historia: cerámica y stop-motion

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¡Te invitamos a participar de este taller familiar gratuito organizado por el área de Educación del Museo!

El taller Modelando nuestra historia: cerámica y stop-motion tiene por objetivo difundir las culturas originarias a partir de la lectura de relatos de diferentes pueblos originarios de nuestro país. Estos relatos, basados en historias, leyendas, ritos y/o mitos, serán desarrollados por los artistas para crear un cortometraje en stop-motion, utilizando piezas de cerámica que serán realizadas por los participantes.

El taller es abierto al público familiar, adultos y niños mayores de 8 años con interés en experimentar los oficios de la cerámica y stop-motion a través de una narración de un pueblo indígena, sin importar experiencias o conocimientos previos.

Cupos: 10 parejas (un niñ@ más un adulto)

Fechas y horarios: sábado 19 y 26 de mayo y sábado 2 y 9 de junio, de 14:00 a 16:00

Duración: 4 sesiones

Valor: Gratuito con inscripción previa. Incluye materiales, inscripción a la biblioteca del Museo por un año y certificado de participación.

Consultas: Carla Díaz al correo cdiaz@museoprecolombino.cl

DESCARGA EL PROGRAMA DEL TALLER MODELANDO NUESTRA HISTORIA

INSCRÍBETE EN EL TALLER MODELANDO NUESTRA HISTORIA

¡Inscripciones cerradas!

Bienvenidos al corazón de América

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El arte toca el corazón de las personas. Con estas palabras, el fundador del Museo Chileno de Arte Precolombino, Sergio Larraín García-Moreno, imaginó un museo vivo, abierto y diverso. Un espacio que integra y escucha, una América sin fronteras reflejada en cada una de las diez mil piezas de nuestra colección, que representan a más de cincuenta culturas arqueológicas precolombinas.

Luego de dos años consecutivos de cifras históricas de público, quisimos ir más allá. Con el objetivo de incentivar la asistencia del público local, eliminando una de las barreras que les impedían conocer nuestro museo, decidimos crear un nuevo tarifario para chilenas, chilenos y extranjeros residentes, rebajando la entrada general de $4.500 a $1.000 y de $2.000 a $500 para estudiantes.

A esto se suman todas las instancias gratuitas que la institución ya otorga: entrada y visitas mediadas a estudiantes de enseñanza básica y media junto a sus profesores, entrada liberada a menores de 10 años, entrada liberada a quienes pertenecen a uno de los nueve pueblos originarios reconocidos por el Estado, entrada liberada a socios del Club Barrio Santiago, entrada liberada para trabajadores de museos públicos y privados, entrada liberada a la Sala ZIM de la Fundación Mustakis, entrada liberada al Museo el primer domingo de cada mes; además de las actividades de extensión: charlas, encuentros especiales y ciclos de cine.

“Teníamos una deuda con el público chileno. Anteriormente, para una familia era muy caro visitarnos. Esa fue la principal razón por la que elaboramos un nuevo tarifario, lo que ha dado muy buenos resultados: está viniendo muchísimo más público local y esperamos que con el tiempo esto vaya aumentando. En esta nueva etapa, soñamos con un público chileno y migrante mucho más masivo, pudiendo incluso duplicar a los turistas extranjeros. Debemos hacer todo lo posible para conectar a las personas con las raíces de Chile y América, porque esa es nuestra misión”, expresa Carlos Aldunate, director del Museo Precolombino.

Los resultados preliminares son asombrosos. Durante los primeros dos meses de marcha blanca, el público que ingresó al Museo incrementó en un 30%. Pero al mirar detalladamente esta cifra obtenemos que, en el mismo periodo, el público nacional y extranjeros residentes en Chile aumentó en un 85%.

Chile, Santiago y el Museo Precolombino albergan la raíz, riqueza y diversidad de nuestra historia. Los invitamos a redescubrir esta geografía sin límites donde todas y todos son bienvenidos.

Museo Chileno de Arte Precolombino, el corazón de América.

La historiadora que mira hacia el cielo

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Licenciada en Historia en la Universidad Católica y doctora en Historia con mención en Estudios Andinos en la Universidad Católica del Perú, Cecilia Sanhueza se ha especializado en estudios sobre culturas indígenas del norte de Chile, especialmente al interior de la actual Región de Antofagasta.

Hace más de 15 años que estudia los Caminos del Inca, acompañando las investigaciones del arqueólogo José Berenguer, curador jefe del Museo Precolombino. “Esto inició con un proyecto con José Berenguer el año 2000. Desde ahí, empezamos a encontrar una serie de materiales en el camino que fueron llamando mucho nuestra atención y yo me empecé a especializar en ciertos temas específicos. Así fue como terminé estudiando arqueoastronomía, que es lo que estoy haciendo actualmente”, cuenta.

¿Cuándo comienza tu vínculo con el Museo?

Desde que el Museo empezó, más o menos. Yo estaba en la universidad y era alumna de Carlos Aldunate y de José Luis Martínez, que trabajaba aquí también. Desde ahí empezaron los vínculos, porque empecé a participar en proyectos de investigación con ellos. He trabajado mucho sobre movilidad, sobre arrieros indígenas, sobre el periodo colonial, sobre el siglo XIX, no ha sido solamente el Camino del Inca, sino que es un recorrido bien amplio por la historia de la zona.

¿Cómo surgió la idea de realizar esta investigación? ¿Cómo llegaste a fijarte en particular en las saywas del desierto de Atacama?

El año 2003, estudiando el Camino del Inca de la región del río Loa, nos encontramos con dos saywas que estaban a ambos costados del Camino y que dibujaban una línea que seguía más allá, cruzándolo transversalmente. Supusimos que estábamos en presencia de algo bien significativo, pero no sabíamos qué. Lo interpretamos como una especie de deslinde o frontera, cosa que es efectiva, porque muy probablemente una de las funciones de las saywas era marcar fronteras, territorios. José Berenguer me dijo “bueno Cecilia, desde la etnohistoria ve qué puedes investigar sobre eso”. Yo pensé que no iba a encontrar nada, ¿qué material iba a encontrar en documentos que hablaran de estas columnas, de estas torres, que me pudieran dar alguna señal? Y, la verdad, es que encontré bastante más información de la que hubiese esperado. Estas columnas estaban descritas por varios arqueólogos, no sólo en este lugar sino también en otros lugares del Camino del Inca en la Región de Atacama, y eran consideradas indicadores de ruta en caso de que el camino se borrara. A raíz de eso, empecé a investigar sobre las columnas, a recorrer todo lo que se había publicado o dicho, que no era mucho tampoco. Sobre todo, empecé a trabajar con antiguos diccionarios del quechua y del aymara de los siglos XVI y XVII que llamaban a estas columnas saywas. Esos documentos me permitieron acercarme a la relación entre estos artefactos y el sistema astronómico del Cusco y entender que estaban asociados también con la astronomía. Ahí me di cuenta que saywa también era el nombre que se daba a las columnas astronómicas del Cusco. El Cusco estaba rodeado en sus afueras por columnas donde se medía el tiempo y se elaboraban los calendarios, se predecían los equinoccios, los solsticios, la época de la siembra, la cosecha, eran muy importantes. Lo interesante fue encontrar estos dispositivos en el Camino del Inca, o sea, fuera de las grandes ciudades, en lugares despoblados donde no había mayor movimiento aparente pero que fueron seleccionados por los Inca para instalar estas saywas astronómicas.

En los viajes a Vaquillas y Ramaditas: ¿qué significó para ti comprobar la función astronómica de las saywas?

En el caso de Ramaditas, había podido estar en una oportunidad antes pero estaba medio nublado, entonces, aunque se veía la salida del sol, se difuminaba mucho la luz y realmente no podíamos decir que estábamos completamente seguros de que el sol estaba alineado. Volvimos a Ramaditas ahora y pude vivir por segunda vez la experiencia, fue tremendamente emocionante. La que fue la más emocionante de todas fue la de Vaquillas: ahí se trata no del solsticio de invierno como en Ramaditas, sino del día del equinoccio. Íbamos con los dedos cruzados esperando que el lugar de las dos saywas centrales coincidiera con la salida del sol y así fue, coincidió perfectamente. Fue una emoción súper grande, el premio a muchos años de trabajo, de dedicación y de búsqueda.

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Momento exacto de la salida del sol en Vaquillas. ©ArminSilber

¿Qué propone tanto tu investigación como los estudios de camino sobre el concepto del “despoblado” de Atacama?

Para los españoles, la idea del despoblado se refiere a un lugar donde no hay aglomeraciones humanas, pueblos o aldeas, lugares donde no viven cantidades importantes de personas, porque eso es para ellos habitar un espacio. Por lo tanto, estas zonas donde no encuentras aldeas, donde no hay restos de asentamientos humanos más permanentes, para ellos es el fin del mundo, donde no existen riquezas, no se puede hacer agricultura ni ganadería. Sin embargo, en estos territorios hay una serie de otros recursos que son muy valiosos y que lo fueron también para los Inca y los españoles cuando los descubrieron, como la minería y la caza de animales silvestres, como la vicuña y el guanaco. Además, estamos hablando de culturas que tienden a sacralizar el entorno por el cual se desplazan. Por lo tanto, toda esa zona del despoblado estaba extremadamente sacralizada, sobre todo por las montañas sagradas de la Cordillera de Los Andes que rodeaban todas estas regiones. Es así como en lugares tan despoblados, un volcán como el Llullaillaco que tiene más de siete mil metros de altura, tiene un santuario incaico con ofrendas humanas. Eso significa construir un nuevo entorno, un nuevo paisaje, un nuevo territorio cargado de significados sagrados que para los españoles podría no significar tanto como para los indígenas.

O para los habitantes actuales del territorio.

Sin lugar a duda, de todas maneras todavía tiene ese mismo significado, aunque cada vez se está explotando menos debido a la falta de agua. Hay zonas en las quebradas donde todavía hay estancias, pequeñas casitas que la gente se construía cuando iba con su ganado y pasaba las temporadas de verano alimentándolo en riachuelos que todavía existen. Eso es un tesoro en este tipo de lugares. Eran lugares que sí eran habitables y habitados por las personas de las culturas andinas.

En Tocomar, si bien no fue posible comprobar la salida del sol por problemas climáticos, se encontraron piezas de basalto bajo las piedras derrumbadas. ¿Cuál es la importancia de este hallazgo?

Hasta el momento, casi todas las saywas que nosotros conocíamos estaban semi destruidas. En muy pocos casos bastante mantenidas, con una altura de 1.20 centímetros más o menos, como en Vaquillas o en Ramaditas, donde están bien conservadas. Como su parte superior es totalmente lisa, supusimos que en algún momento del ritual se ponía algo sobre ellas. Hubo una foto sacada por Tom Lynch, arquéologo norteamericano de los años noventa, donde aparecen saywas que tienen arriba una pieza lítica de distintos materiales. Las que nosotros encontramos son de basalto y estas se ponían sobre las saywas. Probablemente, la función de estas piezas tiene que ver con el momento mismo de la salida del sol, porque proyectan sombra al igual que la saywa misma. Seguramente estas piezas servían para marcar una linealidad en esa sombra, que hacía más precisa la observación de los movimientos del sol. Ahora, la mayoría de las veces se las robaron, se las llevaron, no han sido encontradas. Estas de basalto son las únicas que hemos encontrado en muchos años de investigación, por lo que tienen un valor muy importante.

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Pieza de basalto encontrada en Tocomar.

¿Cómo esta investigación aporta al cuidado y protección patrimonial las saywas?

Varias saywas estaban destruidas desde la época de los españoles porque eran idolátricas, estaban asociadas al sol y a todo un ritual considerado como demoniaco, por lo que muy frecuentemente los sacerdotes las destruían o instalaban cruces sobre ellas, para cambiar su significado religioso. Por una parte está ese problema inicial, el problema segundo son las intervenciones que pueda hacer la gente ahora, sobre todo cuando se descubra el significado astronómico que tienen. Todas las personas que vayan van a querer llevarse un recuerdito, llevarse una pieza de la saywa. El hecho de dar a conocer estos descubrimientos significa necesariamente tomar medidas de protección. Eso escapa absolutamente a mis posibilidades, entonces lo que estamos pensando en futuros proyectos es desarrollar un trabajo en conjunto con las comunidades y el Consejo de Monumentos Nacionales, todo lo que sea necesario para iniciar una política de protección donde las comunidades estén directamente involucradas.

¿Cuál fue la importancia de contar con un equipo multidisciplinario en esta investigación?

Fue fundamental. Yo estuve mucho tiempo trabajando las saywas antes de detectar que eran astronómicas, ya de por si tenían un montón de cosas bien interesantes. Cuando estaba trabajando en mi tesis de doctorado y empecé a sospechar que estaba frente a columnas astronómicas, tomé contacto con astrónomos de Alma y les hice las preguntas de rigor enviándoles todos los datos. Hice una ficha sobre cada una de las saywas, su ubicación, sus medidas, su orientación. Ellos colocaron esos datos dentro de un programa computacional, calculando en qué fecha el sol coincidía con la posición de las saywas. Yo les dije “busquen por el lado de los equinoccios y los solsticios, primero que nada, que sería lo más sospechoso”. Efectivamente, empezaron a encontrar que por la ubicación y la orientación que tienen, estaban alineadas con esos eventos. Fue una experiencia muy importante, me hicieron entrar en pie derecho y afirmar que mi hipótesis era la correcta y la que había que seguir. Los invité a terreno porque estaba en deuda con ellos y porque varios ojos y varias cabezas piensan mucho mejor que una. Así, podía haber un intercambio mucho más fluido entre lo que estábamos viendo y la forma de apreciar cada uno de estos fenómenos que tiene cada disciplina en particular. Los arqueólogos descubren ciertas cosas, ven ciertas cosas. Yo me he formado con arqueólogos pero también soy historiadora y trabajo mucho con documentos, fue a través de los documentos que pude llegar a esto. Y los astrónomos, por supuesto, entregan sus conocimientos astronómicos que son fundamentales. El trabajo multidisciplinario es el tipo de trabajo con el que hay que abordar estos temas de estudio.

¿Qué nos dicen los descubrimientos de esta investigación sobre el Camino del Inca?

Nos dicen que el Camino del Inca sigue siendo cada vez más complejo de lo que pensábamos. No es sólo un trazado que comunica un punto con otros más lejanos, sino que también cumple un rol simbólico y ritual tremendamente importante, porque cada vez que el sol salía por el lugar donde se encuentran estas saywas, debió haberse realizado algún tipo de ceremonial. El Camino del Inca es mucho más que un camino, es una vía de comunicación y transmisión de contenidos religiosos, ideológicos, rituales y ceremoniales, lo que se hace presente incluso en los lugares más apartados. Sobre las saywas, hay muchas cosas que todavía no sabemos. ¿Por qué están ahí, en pleno desierto? ¿Por qué, hasta el momento, no se conocen saywas en otros lugares del Camino del Inca? He presentado mis estudios en encuentros con especialistas del Camino del Inca y ninguno de ellos tiene conocimiento de haber visto algo similar. Puede ser una cosa propia del desierto de Atacama, que por alguna razón los Inca decidieron instalar las saywas ahí.

¿Tienes alguna hipótesis sobre ello?

Es muy probable que la decisión de instalar las saywas en el medio del desierto esté asociada con el establecimiento de fronteras, y situaciones políticas como esas tienen que ser ritualizadas. En la cultura andina todo es ritualizado, el quehacer cotidiano muchas veces está lleno de ceremoniales. Entonces, como buenos lugares de hito de fronteras, tenía que dárseles la connotación que merecían. En ese sentido, la presencia del sol, una de las principales divinidades de los Inca, en ese lugar donde se estaba estableciendo una frontera, era una forma de sacralizarlo con mayor poder y mayor fuerza. Esto nos dice que en zonas como el despoblado de Atacama hay fronteras aunque uno las distinga, pero la gente que conoce de allí sabe todos los recursos que hay, y por lo tanto, que es importante distribuirlos territorialmente. Por otra parte, el desierto de Atacama es una zona de frontera climática muy importante: hacia el sur comienza a desaparecer el invierno boliviano y empiezan a producirse las lluvias de invierno. Es muy posible que los Inca hayan tenido conciencia de que esa era una zona de frontera climática y por tanto las saywas de Vaquillas pudieron haber tenido mucha relación con marcar esa frontera en un punto donde efectivamente te das cuenta de que hasta la botánica empieza a cambiar. Ellos eran grandes observadores y tomaban mucho los conocimientos locales, es muy probable que la población atacameña local hacia milenios que sabía perfectamente que esa era una zona de frontera climática, entonces los Inca se apropian de ese discurso, lo hacen suyo y lo sacralizan a través de la presencia del sol.

Texto y foto principal: Oriana Miranda

Investigadores identifican calendario incaico en el desierto de Atacama

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Un equipo multidisciplinario compuesto por arqueólogos, historiadores, documentalistas y astrónomos comprobó la existencia de saywas astronómicas en el desierto de Atacama, bordeando el Camino del Inka.

A través de la sombra que proyectan sobre el suelo durante la salida del sol, las saywas, estructuras de piedra construidas por los inka, permiten identificar y predecir equinoccios, solsticios y otros eventos astronómicos.

La madrugada del 21 de marzo de 2017, el grupo de científicos liderados por Cecilia Sanhueza, investigadora asociada del Museo Precolombino, pudo constatar en terreno en la localidad de Vaquillas, a 4.200 metros de altura en la cordillera interior de Taltal, la exacta alineación de dos saywas centrales con el punto de salida del sol en el equinoccio de otoño. Posteriormente, al amanecer del 21 de junio en el sector de Ramaditas, junto a la quebrada del río Loa, el mismo equipo presenció la salida del sol en el solsticio de invierno perfectamente alineada a dos saywas de 1.20 metros de altura.

Ambas experiencias permitieron demostrar en terreno la hipótesis de que las saywas son marcadores astronómicos y están alineados con fechas relevantes del calendario inka.

“La alianza del Museo Precolombino con BHP / Minera Escondida y el Observatorio ALMA permitió la realización de esta investigación, que revela un aspecto muy desconocido del Camino del Inka. Para nosotros es muy importante todo lo que tenga que ver con la cultura precolombina en general y esto más aún, pues está dentro del actual territorio de Chile”, afirma Carlos Aldunate, director del Museo Precolombino. Las saywas, estructuras de piedra descritas por cronistas en documentos del siglo XVII y XVIII, no habían sido identificadas en otros lugares del Camino del Inka.

La investigación Navegantes del desierto: Cuando el cielo se inscribe en el camino se enmarca dentro de la alianza de colaboración que sostienen desde hace quince años BHP / Minera Escondida y el Museo Chileno de Arte Precolombino, con el propósito de contribuir al conocimiento y la difusión del arte y la cultura de los pueblos originarios.

“Está investigación tiene características que la hacen única y que fueron fundamentales para el éxito del proyecto. En primer lugar, su carácter interdisciplinario, ya que en la observación e interpretación de los hallazgos se unieron la investigación académica, el conocimiento ancestral y el mundo científico, aportando cada uno desde sus diferentes metodologías y perspectivas. En este punto es muy importante resaltar la participación de la antropóloga atacameña Jimena Cruz, que junto con su visión profesional contribuyó a la investigación desde la información que es parte de su acervo cultural. Por otro lado, es relevante destacar que se trata de un proyecto de investigación y que, como tal, requiere de tiempo para su desarrollo, y además sus resultados no están garantizados o derivan en otros aspectos que no fueron considerados originalmente. Aunque se trata de una línea diferente a lo que normalmente trabajamos con el Museo, es importante apoyar también y de esa manera continuar enriqueciendo el conocimiento sobre los pueblos originarios que habitaron este territorio y responder a tantas preguntas y misterios que quedan por resolver”, expresa Alejandra Garcés, directora de Comunidades & Asuntos Indígenas de BHP / Minera Escondida.

A través de la alianza con el Museo Precolombino y otras líneas de trabajo, BHP busca apoyar el empoderamiento social, económico y cultural de las comunidades indígenas cercanas a sus operaciones, así como construir una nueva forma de relacionamiento basado en los principios de buena fe, transparencia y respeto mutuo.

Incógnitas del desierto

El estudio de antiguos diccionarios quechua y aymara permitió a Cecilia Sanhueza, historiadora a cargo del proyecto, aproximarse a la relación entre las saywas y el sistema astronómico de los inka.

“El Cusco estaba rodeado por columnas donde se medía el tiempo y se elaboraban los calendarios, se predecían los equinoccios, los solsticios, la época de la siembra y de la cosecha. Lo interesante fue encontrar estas saywas astronómicas en el Camino del Inka, o sea, fuera de las grandes ciudades, en lugares despoblados sin movimiento aparente”, explica Cecilia Sanhueza.

El observatorio ALMA se involucró en el proyecto a través de sus astrónomos Sergio Martin y Juan Cortés, quienes pudieron constatar en terreno la increíble precisión con que podían predecirse fenómenos naturales mediante herramientas supuestamente primitivas usadas por la cultura inka hace más de 500 años. “Como astrónomo fue gratificante conocer estos verdaderos calendarios solares que son las saywas, porque demuestran que los pueblos precolombinos le daban tanta o más preponderancia al cielo que lo que podemos apreciar hoy”, afirma Juan Cortés. “Lo increíble es que no está lejos de la ubicación actual del Atacama Large Millimeter/submillimeter Array (ALMA), lo que reafirma que se trata de un lugar que ha sido y es clave para la observación astronómica”, agrega.

Esta investigación revela aspectos desconocidos del Camino del Inka y reafirma la idea de que el desierto de Atacama, lejos de ser un “espacio vacío”, fue y continúa siendo un lugar cargado de significados sagrados.

“Estamos tratando de contribuir desde el desierto de Atacama, desde el norte de Chile, al conocimiento del imperio incaico. ¿Por qué venían a este lugar tan despoblado, tan al sur, a edificar estas columnas de piedra? Ahí hay una pregunta fundamental. Estamos recién rompiendo la superficie de este problema para entender por qué la astronomía en estos espacios desérticos era tan importante para los Inkas”, asevera José Berenguer, curador jefe del Museo Precolombino y uno de los arqueólogos de la investigación.

Cecilia Sanhueza y José Berenguer expondrán sobre los resultados de la investigación Navegantes del desierto: Cuando el cielo se inscribe en el camino en el V Festival de Ciencia Puerto de Ideas Antofagasta, el 15 de abril a las 16:30 hrs. El informe final estará disponible próximamente en precolombino.cl.

 

Fotografía: ©Pepcandela

“Una mirada desde el buen vivir”: 43 familias del altiplano peruano son retratadas en conmovedora exposición

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Las vidas, quehaceres y afectos de 43 familias del altiplano de San Miguel de Alpaccollo en Puno, Perú, serán transportadas a los transeúntes del Portal del Museo Precolombino en la exposición Una mirada desde el buen vivir.

La muestra documental se compone de 27 fotografías de Marcelo Arriola, que forman parte del proyecto “SUMAK KAWSAY” “KUME MOGEN” “Construyendo caminos de soberanía y seguridad alimentaria con identidad cultural”.

La iniciativa, implementada desde septiembre de 2016, es una invitación a escuchar al otro desde una cotidianeidad marcada por el sentido profundo de lo comunitario, lo que se refleja no solo en los cultivos sino también en la ritualidad y celebraciones que le acompañan. Con ella, además, se promueve el diálogo y se fortalecen los saberes de crianza, lo que incrementa las posibilidades de soberanía y seguridad alimentaria de las familias.

“Con esta exposición, el Museo ofrece un quiebre en la realidad cotidiana de las miles de personas que pasan por su Portal diariamente. Es una invitación a darse cuenta y reflexionar que esta sociedad en que vivimos no es la única posibilidad. Las fotografías de Marcelo Arriola abren una puerta a darnos cuenta de otras formas de relación con el ambiente y con las personas. En la inmensidad del altiplano, los seres humanos siguen viviendo como lo hicieron siempre, en armonía con la naturaleza y trabajando en comunidad para su subsistencia. Uno de los objetivos del Museo es que las personas conozcan la riqueza de los pueblos americanos, que sus maneras de vivir y de entender el mundo no se extinguieron con la invasión europea, por el contrario, siguen vivas en muchos pueblos y lugares del continente. Esta exposición nos enseña que aún es posible vivir y trabajar comunitariamente y lo hace con una fotografía profunda y hermosa”, afirma Claudio Mercado, jefe del área de Patrimonio Inmaterial del Museo Precolombino.

Marcelo Arriola, fotógrafo de la exposición, pasó más de dos meses conviviendo con las 43 familias involucradas en el proyecto, experiencia marcada por el cariño, la gratitud y la cordialidad. “Mi trabajo fotográfico tiene que ver con cómo ellos se sienten viviendo en la montaña, cómo transitan su cotidiano con alegría, con un interés comunitario hacia los otros, cómo es la comunidad, cómo van desarrollándose a medida de todo lo que les hace falta. Es un trabajo comunitario y se ve perfectamente cómo lo realizan y lo van compartiendo en sus asambleas, junto a los problemas que van encarando día a día. Eso es lo que he plasmado en las fotos, la belleza en la que viven envueltos continuamente”, expresa.

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Marcelo Arriola y la comunidad aymara de San Miguel de Alpaccollo.

Este proyecto, implementado por Corparaucanía, cuenta con el apoyo de Fondo Chile, iniciativa conjunta de la Agencia de Cooperación Internacional para el Desarrollo (AGCID) y el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD).

“Para la AGCID es muy importante participar de esta iniciativa en Perú, ya que a través del trabajo que realiza Corparaucanía, gracias al Fondo Chile en alianza con el PNUD, llevamos la Cooperación Sur-Sur a terreno, y de forma descentralizada, entre nuestra Región de La Araucanía y la Provincia de Puno. Además, lo hacemos de forma sostenible, junto a las comunidades de un país latinoamericano y a la vez tan cercano, eje esencial de nuestra Política de Cooperación Internacional”, asevera el Embajador Juan Pablo Lira, Director Ejecutivo de AGCID.

Daniel Schmidt, presidente de Corparaucanía, añade que “la oportunidad que nos ha brindado Fondo Chile para participar en contextos de interculturalidad nos permite valorar nuestra experiencia regional como entes articuladores entre lo público y lo privado, marcando además, un hito en cooperación internacional para nuestra institución. La cotidianidad en el altiplano no deja de sorprendernos, nos habla de autonomía, austeridad, de un diálogo permanente, de mucho respeto con el otro, de saberes ancestrales que se siguen cultivando y que acompañamos con especial dedicación desde La Araucanía. La muestra fotográfica sorprende y cautiva, en cada una de sus fotos”.

La exposición Una mirada desde el buen vivir estará disponible de manera gratuita en el Portal del Museo Precolombino (Bandera 361, Santiago).