Museo

“Arqueólogos de su propia vida”: Museo Precolombino participa de la Semana de la Educación Artística

SEA 700 440

Más de doscientas niñas y niños de la Escuela Isabel González Cares de Conchalí recibieron la visita del área de Colecciones del Museo Chileno de Arte Precolombino. Las arqueólogas Pilar Alliende y Varinia Varela, junto a Luis Solar, restaurador y conservador, expusieron los detalles de sus disciplinas, además de mostrar distintas piezas de animales de culturas precolombinas y responder a las preguntas de los estudiantes sobre arqueología, historia y el quehacer del Museo.

IMG_6177 baja

En el contexto de la Semana de la Educación Artística, los estudiantes de cuarto, quinto, sexto y séptimo básico realizaron sus propias vasijas diaguitas, máscaras mapuche, petroglifos y arte rupestre, exhibidas al fondo de un gran salón. En tanto, las niñas y niños de séptimo y quinto básico, guiados por su profesora de Historia, presentaron la actividad Arqueólogos de su propia vida, en la que buscaron objetos significativos dentro de su hogar que les permitieran contar la historia de su familia.

IMG_6205 BAJA

Algunas de las máscaras y vasijas realizadas por los estudiantes de la Escuela Isabel González Cares.

“Queríamos hacer algo distinto, donde los niños participaran activamente. Así se me ocurrió la idea de hacer Arqueólogos de su propia vida. Los niños se involucraron mucho en la actividad y trabajaron en familia, fue muy bonito. Hubo mamás que mandaron a buscar objetos fuera de Santiago y papás que lloraron contándoles sus historias a los niños”, explica Sylvia Quinteros, profesora de Historia de la Escuela.

La arqueóloga Pilar Alliende, jefa del área de Colecciones del Museo Precolombino, destaca el interés de las niñas y niños por conocer y contar las historias de sus familias. “Buscando un objeto que fuera valioso para su familia, se volvían arqueólogos dentro de su propio hogar. Verlos así de interesados y orgullosos de su pasado, entusiasmados por contar su historia, para mí, fue una novedad”.

BAJA

IMG_6403 baja

IMG_6430 baja 2

Hace seis años que la Escuela Isabel González Cares participa activamente de la Semana de la Educación Artística, programando distintas actividades para sus estudiantes todos los días. Esta semana, además de la visita del Museo Chileno de Arte Precolombino, los niños y niñas participaron de un taller de break dance y recibieron a un ex alumno que les enseñó técnicas de interpretación de heavy metal.

“Somos un complemento de conocimientos, aptitudes y diferentes habilidades que tenemos que desarrollar, y el arte nos ayuda a conectarnos con nuestra espiritualidad. En la Escuela tenemos muchos niños con habilidades artísticas que sienten la necesidad de expresarse, por lo que hemos ido potenciando esa área y educando en el arte”, comenta Patricia Cubillos, directora de la Escuela Isabel González Cares.

Jenny Bucarey, sub directora de la Escuela Isabel Gonzáles Cares y Daniel Burgos, coordinador del departamento de Arte, junto a Pilar Alliende, Varinia Varela y Luis Solar del Museo Precolombino.

Jenny Bucarey, sub directora de la Escuela Isabel Gonzáles Cares y Daniel Burgos, coordinador del departamento de Arte, junto a Pilar Alliende, Varinia Varela y Luis Solar del Museo Precolombino.

Esta es la primera vez que el área de Colecciones del Museo Precolombino visita un colegio, actividad organizada por el área de Educación para acercar a las niñas y niños a las nociones de arte de los pueblos precolombinos de América y visibilizar el trabajo de los arqueólogos, conservadores y restauradores.

Texto y fotos: Oriana Miranda

Taira en San Pedro de Atacama

La exposición temporal Taira, el amanecer del arte en Atacama presenta los testimonios de miembros de la Comunidad Indígena Atacameña Taira en el Alto Loa, actuales habitantes del sitio arqueológico investigado. Hasta el 5 de julio en Fundación Minera Escondida (Gustavo Le Paige 527).

En San Pedro de Atacama: Inédita exposición sensorial recrea la inmensidad del arte rupestre

Taira-en-SPA_700-x-440
  • Taira, el amanecer del arte en Atacama trae la belleza y complejidad del arte rupestre de Taira a la Sala de Arte de Fundación Minera Escondida (Gustavo Le Paige 527), del 18 de mayo al 5 de julio.
  • La exposición cuenta con la participación de la Comunidad Indígena Atacameña Taira, actuales habitantes del lugar donde se ubica el sitio arqueológico investigado.

El Museo Chileno de Arte Precolombino y Minera Escondida /BHP presentan Taira, el amanecer del arte en Atacama, una exposición que traerá la belleza, complejidad y vitalidad del arte rupestre de Taira (Región de Antofagasta) a la Sala de Arte de Fundación Minera Escondida (Gustavo Le Paige 527), San Pedro de Atacama.

La muestra releva un sitio arqueológico cuyas representaciones rupestres datan de hace más de 2.500 años y tienen pocos parangones en la prehistoria del arte americano. Además, presenta los testimonios de miembros de la Comunidad Indígena Atacameña Taira en el Alto Loa, quienes comparten con los visitantes sus creencias, sus vidas y su comprensión del paisaje que habitan, en especial relacionadas con el extraordinario arte rupestre de Taira.

“Esta es una exposición muy novedosa que se basa en una larga investigación de nuestro curador, José Berenguer, y por lo tanto es una expresión de arte rupestre muy bien documentada. Museográficamente es aventurada, con la inclusión de nuevos medios y alta tecnología”, explica Carlos Aldunate, director del Museo Chileno de Arte Precolombino.

La muestra cuenta con la colaboración en testimonios y saberes ancestrales de la Comunidad Indígena Atacameña Taira, actuales habitantes del lugar donde se ubica el sitio arqueológico investigado. Dado que este estilo de arte rupestre se encuentra en todas las tierras altas de la Región de Antofagasta, es un arte emblemático de los pueblos atacameños.

Taira, el amanecer del arte en Atacama se enmarca dentro de la alianza de colaboración que sostienen hace más de una década Minera Escondida/ BHP y el Museo Chileno de Arte Precolombino, que ha llevado a producir proyectos culturales de gran relevancia para el país. Este aporte al patrimonio propio de los pueblos precolombinos, especialmente aquellos del actual territorio chileno, tiene por objetivo demostrar que el mundo precolombino no es algo del pasado, sino que permanece en nuestro acervo genético y cultural.

“Esta exposición permite reconstruir una parte de nuestra historia como país, es fruto de una alianza de largo plazo con el Museo Chileno de Arte Precolombino y que, esta vez, nos permitirá acercarnos mucho más a nuestros pueblos originarios mediante el conocimiento de sus grabados y pinturas. Nuestro deseo es que la comunidad sea parte de este viaje por la historia de las culturas originarias de nuestro país y que asista en familia, que disfrute y conozca los orígenes de Chile antes de Chile”, señaló Patricio Vilaplana, vicepresidente de Asuntos Corporativos de Minera Escondida.

“Taira es muy bello. Sin embargo, pensarlo solo como una joya estética o como un objeto de arte es limitarlo. En nuestra exposición, buscamos estimular el placer estético, pero también el goce de entender el mensaje que hay detrás de las imágenes”, afirma José Berenguer, arqueólogo, investigador de la exposición y curador jefe del Museo Chileno de Arte Precolombino.

Con ese objetivo, la museografía se desarrolla de manera innovadora, mediante dispositivos multimedia al servicio de la estimulación sensorial y los objetivos comunicacionales. “La diversidad del valle del Loa ha sido uno de los recursos visuales que activan la narrativa de la historia que contamos, en la cual lo audiovisual es un componente fuerte”, explica el arquitecto Rodrigo Tisi, quien junto a su equipo está encargado del diseño y montaje.

Coordenadas:

Exposición temporal: Taira, el amanecer del arte en Atacama

Lugar: Sala de Arte de Fundación Minera Escondida (Gustavo Le Paige 527), San Pedro de Atacama

Fecha: Del 18 de mayo al 5 de julio de 2018.

Horarios: De lunes a viernes de 09.00 a 13.00 horas y de 15.00 a 18.30 horas.

Entrada liberada

Pilar Alliende, jefa del área de Colecciones: “El trabajo más lindo del mundo está a 13 metros bajo tierra”

Pilar_700-x-440

Pilar Alliende pasó toda su adolescencia en Salta, al noroeste de Argentina. El constante contacto con los pueblos originarios de la zona y la fuerte influencia de sus padres y su abuelo la llevaron a estudiar arqueología en la única escuela que impartía la carrera en Chile a mediados de los setenta. Hoy es la jefa del área de Colecciones del Museo Precolombino, equipo que custodia y conserva diez mil piezas arqueológicas provenientes de más de cincuenta culturas de América.

¿Por qué decidiste estudiar arqueología? 

En realidad, yo quería estudiar antropología. Cuando era adolescente vivía en el norte de Argentina, en Salta, y estaba muy en contacto con sitios arqueológicos, con paisajes de desierto y con familias collas, que eran mis amigas. Tenía muchas ganas de estudiar algo que me permitiera estar más en contacto con ellos, conocerlos más y entender más su pensamiento, porque me daba cuenta de que era una cultura ancestral y finísima, con un trato muy delicado. Me emocionaba bastante su actitud frente a la vida, el pasado y cómo enfrentaban el presente. Tenía 14 años y un grupo de tres amigas y todas queríamos estudiar antropología. Ellas entraron a estudiar en Argentina y yo trasladé todos mis estudios hacia Chile y el año 76 entré a la única escuela de Antropología y Arqueología que había, en la Universidad de Chile. En la carrera tenías dos años comunes y ahí me di cuenta de que me gustaba más la arqueología, así que luego entré a esa especialidad. Además, yo fui muy influenciada por un abuelo médico con el que pasábamos las vacaciones de verano. Él nos enseñaba de botánica, de insectos, de piedras, tenía su propio museíto de cositas que recogía para enseñarles a los nietos. En mi familia somos muchos hermanos y hay biólogos, agrónomos y médicos. Él fue una gran influencia en nosotros y mis padres también, porque nos llevaban mucho al museo y a sitios arqueológicos, salíamos mucho de camping y nos fomentaban el contacto con gente que tenía otra visión de la vida y de las cosas.

¿Qué fue lo que te gustó más de la arqueología?

Me gustaban mucho los terrenos, la excavación, el paisaje. Empecé a ir al norte desde primer año de la universidad, con harto esfuerzo porque nosotros mismos nos teníamos que pagar los viajes. Nos sumábamos a los trabajos de los profesores que también tenían proyectos casi sin financiamiento, en ese tiempo no existía Fondecyt ni nada de eso. Además, era una época en la que era muy difícil hacer terreno, porque estaba todo muy intervenido. Casi toda la arqueología sucedía más hacia el norte y en esas situaciones era complicado. Entonces, si los profesores te aceptaban como voluntario, tú los acompañabas a sus terrenos. Desde primer año estuve yendo al norte, estuve en Chiu Chiu con un grupo del curso y después en el Museo de Azapa en Arica.

_MG_0738 baja

Pilar Alliende en el Laboratorio de Conservación y Restauración. Foto: Julián Ortiz.

¿Cómo llegaste al Museo Precolombino?

Hice mi tesis el año 81, cuando el museo se estaba armando. Conocía todo el proyecto a través de Victoria Castro, mi profesora guía, porque Carlos Aldunate formaba parte de su grupo de investigaciones, pero tenía mi propia agenda de terminar mi tesis e irme a Canadá. Cuando volví de ese viaje, me acerqué y pregunté si habría alguna posibilidad de trabajar en el museo. Me dijeron que ya estaba armado el equipo, pero que podía colaborar como voluntaria. Empecé a venir al Laboratorio de Conservación y Restauración y pude asistir a todos los cursos que se hicieron al comienzo, que eran muy interesantes. Trabajaba también asistiendo el desarrollo de las exposiciones temporales, apoyando tanto a Pepe (Berenguer) como al museógrafo. Además, podía mostrar el museo en inglés cuando se necesitaba, creo que eso también fue un apoyo para Carlos. Me empecé a familiarizar con todas las áreas, pero estaba situada en el Laboratorio y de ahí ayudaba en lo que se necesitaba. De voluntaria estuve muy poquito, no más de dos meses, y después ya me empezaron a pagar honorarios.

Desde ahí, ¿cómo pasaste a ser la jefa del área de Colecciones?

Continué trabajando en este sistema mixto, ayudando a José (Berenguer) en las exposiciones y en las distintas actividades del Museo, y luego postulé a una beca del British Council y me fui a hacer un diplomado en Arqueología y Botánica al Instituto de Arqueología en Londres. Estuve un año estudiando y después ellos me conectaron con el Museo de Londres, donde llegué a hacer una pasantía. Allí tenían una gran experiencia en trabajos de terreno y grandes cantidades de material para trabajar y muestrear. Toda la gente tenía doctorados y estaba escribiendo papers, pero tenían un caos de materiales, un problema tremendo para encontrar lo que necesitaban. Entonces, más que irme a trabajar a terreno, decidí tenía que ordenar el laboratorio. Me dediqué a organizar, despejar y limpiar las muestras, para que ellos pudieran seguir con sus investigaciones, y me dijeron que me necesitaban. Entonces, ese voluntariado también duró muy poco. Me contrataron rápidamente e hicieron un cargo para mí, porque ellos tenían que hacer una cantidad de papers al año y necesitaban a alguien que les preparara las muestras y les pudiera hacer un escrito resumiendo las probabilidades de encontrar materiales en cada una de ellas. Eso terminó siendo un espacio de trabajo bien interesante, porque me permitía recorrer mucho la ciudad de Londres y también trabajar con voluntarios que me ayudaban a limpiar, sacar la tierra, sortear las semillas y procesar las muestras. Estuve trabajando en el departamento de Arqueología Ambiental durante tres años.

¿Y cómo fue cuando volviste?

Tenía 33 años y me había casado en Londres con un arquitecto chileno. A él lo invitaron a hacer clases en la Universidad Católica por un año y organizamos todo para venir a Chile. Yo conté en el Museo que venía, a ver si había algo en que podía ayudar. Cuando llegué, Carlos me dijo que quería que me hiciera cargo de las colecciones. Le expliqué que venía por un año, que era una locura y que me había especializado en otra cosa, pero me dijo que no sabía de otra persona que estuviera preparada para poder entender de colecciones, de conservación, de restauración. Esto era el año 89, todavía no había estos estudios formales. Le dije que yo feliz, pero que iba a ser por un año. “Ahí vemos”, me dijo. Han pasado casi 30 años desde ese momento. Me hice cargo de las colecciones justo cuando el museo estaba evaluando la posibilidad de digitalizar su colección. Junto con mi cargo, se iba a crear uno de alguien específico para encargarse del registro, que hasta ese momento se llevaba manualmente. El museo partió con mil piezas que se ingresaron y estaban fichadas, todo muy organizado, pero después el sistema de registro era bastante aleatorio, dependía de quién conocía más el material quién hacía la ficha. Teníamos que tener una persona a cargo de eso y se le pidió a Varinia (Varela) que formara parte del equipo. Junto a ella empezamos a armar el registro digital de la colección.

En el contexto del aniversario 36 del Museo, Pilar Alliende realiza una visita guiada al Laboratorio. Foto: Julián Ortiz.

En el contexto del aniversario 36 del Museo, en diciembre de 2017, Pilar Alliende realiza una visita guiada a los depósitos. Foto: Julián Ortiz.

¿Tu abuelo alcanzó a saber de tu trabajo en Londres y en el Museo Precolombino?

Sí. Mi abuelo murió en la década de los 90 y conoció el museo, vino alguna vez conmigo a ver las exposiciones. Tenía claro que sus nietas mayores siguieron bastante la línea que él nos inculcó desde chiquititas.

¿Cuáles han sido los proyectos o desafíos más emblemáticos que has tenido que liderar como jefa del área de Colecciones?

Los desafíos más grandes han sido enfrentar incendios, inundaciones, robos y terremotos, abordar el tema con tranquilidad y con una visión de tiempo, pensando en cómo solucionar la situación de la mejor manera, reducir el daño e implementar mecanismos para disminuir los riesgos. Cuando ocurrió el robo de un collar pudimos implementar un sistema en el que nos hicimos más responsables de la revisión: por ejemplo, la inspección visual diaria del museo es algo que implementó el equipo de Colecciones. Después de haber trabajado en Londres por tres años, haber conocido los departamentos y cómo se relacionaban entre ellos, pude ver las potencialidades que teníamos en nuestro museo por ser más pequeño, un museo en el que todos nos conocíamos y teníamos una relación bastante cercana y colaborativa. Había algo bien precioso, fomentado por el director. Cuidar eso era un desafío, porque era un valor y cuando lo ves de afuera lo valoras aún más. Otra de las cosas que logré valorar mucho al volver fue que, si yo echaba algo de menos, era la belleza de la colección, el contacto que uno tiene con las piezas cuando se da vueltas por las salas. Las piezas de esta colección tienen una conexión entre ellas, tienen un hilo conductor estético, hay algo muy fuerte que está presente. Hay algo en ellas que te cautiva. Hay piezas con las que uno crea ciertos afectos, uno siente que las piezas tienen alma y por eso mismo desde el comienzo fuimos desarrollando un sistema de almacenaje que fuera más apropiado para protegerlas.

¿Cuál es la pieza del museo que más te gusta?

La pieza a la que le tengo un apego grande es la máscara Tafí, porque es del noroeste argentino. Estéticamente, me produce mucha emoción su simpleza, los pocos gestos para lograr tanta expresión. La pieza que más me emociona es la embarazada Valdivia, pero por algo más personal: ver concentrado el dolor del parto en esa expresión de la cara, que te está hablando de una mujer a punto de parir. Esa es una experiencia que yo no he vivido y que me emociona, porque yo tengo hijos. Siempre pienso en eso frente a las madres biológicas de mis hijos, que tan generosamente se cuidaron nueve meses para dar estos hijos maravillosos que yo tengo. Esa pieza siempre me impresiona, incluso desde antes de ser madre.

A la izquierda, la máscara de piedra (Tafí). A la derecha, la mujer embarazada (Valdivia). Ambas piezas pertenecen a la exposición América Precolombina en el Arte del Museo Precolombino. Fotos: Oriana Miranda.

A la izquierda, la máscara de piedra (Tafí). A la derecha, la mujer embarazada (Valdivia). Ambas piezas pertenecen a la exposición América Precolombina en el Arte del Museo Precolombino. Fotos: Oriana Miranda.

¿Qué es lo que te hace más feliz de tu trabajo?

A mí me gusta mucho venir a mi trabajo. Me gusta el ambiente del museo y la gente que trabaja aquí. Todos se enamoran del espacio, de las piezas, de los temas que se trabajan acá, se produce algo súper especial y me encanta. Me gusta mucho el traslado desde mi hogar al museo, porque siento que soy súper privilegiada de venir a algo que me encanta y donde todos los temas que se trabajan en el día son entretenidos e interesantes. Cuando vengo en el metro siempre trato de imaginar lo que va a hacer cada uno y pienso que algunos deben hacer cosas bien entretenidas, pero en general, dudo que tan entretenidas como las mías (ríe). Me gusta toda la composición del trabajo que se desarrolla en el museo. Nuestro equipo trabaja con las colecciones, por lo tanto, con la riqueza, con el tesoro. Es un trabajo que requiere tiempo, reflexión, no tomar decisiones apuradas, hay que pensar y dar vueltas antes de intervenir o actuar cuando se trata de una pieza, conocer de su historia. Es un trabajo más en silencio, un poco más retirado. La situación que tenemos aquí abajo en el Laboratorio también me gusta mucho, porque estamos mucho más en contacto, comunicados visualmente, y tenemos la obligación de conectarnos con el público a través del ascensor. Estamos por debajo de una sala y nos conectamos con el público vía escaleras o ascensor. Eso también lo hace entretenido porque es otro mundo, otra visión, otro estilo, otra mirada, otras preguntas. El trabajo más lindo del mundo está a 13 metros bajo tierra.

¿Qué significa decir que el Museo Precolombino es el corazón de América?

Queremos presentar al museo como un conector de raíces, que es un poco lo que siempre hemos querido. Al hablar del corazón estamos apelando a los sentimientos, porque queremos que la gente haga suyo este museo. Un museo que se mueve como tal, que no es una cosa fija, que tiene vida y que tiene corazón, es un museo que siempre está dando opciones de cosas nuevas y distintas. Las personas deben sentir que el Precolombino es un museo del siempre hay que estar atento.

 ¿Qué esperas para el futuro del museo?

Me gustaría mucho que el museo se pudiera expandir por el barrio, que hubiese tiendas y librerías relacionadas, que se den películas de arte, que los cafés estén relacionados con los temas del museo, que los restoranes rápidos sean de comidas que tengan alguna conexión con nuestras raíces. Poder posicionar un barrio de arte, patrimonio y culturas americanas, salir del Portal y que el museo vaya llegando hasta la Plaza de Armas. Ese es mi sueño hacia el futuro, que el museo vaya consolidándose con todo su plan de exposiciones temporales y armando temas que vayan hablándole a los ciudadanos.

Entrevista: Oriana Miranda

Foto: Julián Ortiz

Ciclo de Charlas Taira: 3 miradas al arte rupestre

CHARLA TAIRA 700 440

El área de Educación del Museo Precolombino te invita al Ciclo de Charlas Taira: 3 miradas al arte rupestre, en el que podrás apreciar la belleza y complejidad de las pinturas, grabados y pictograbados del Alero Taira en los relatos de tres destacados investigadores:

Jueves 10 de mayo: José Berenguer, arqueólogo, curador jefe del Museo Precolombino y autor de la exposición temporal Taira, el amanecer del arte en Atacama.

MCHAP_Talleres Taira_eventoFB_1
Miércoles 16 de mayo: Jimena Cruz, investigadora atacameña nacida y criada en el Salar de San Pedro de Atacama.

MCHAP_Talleres Taira_eventoFB_2
Miércoles 23 de mayo: Diego Artigas, arqueólogo e investigador del arte rupestre en el Norte Grande, Norte Chico y Extremo Sur.

MCHAP_Talleres Taira_eventoFB_3

Durante el Ciclo de Charlas, la exposición Taira, el amanecer del arte en Atacama estará abierta al público en horario extendido, hasta las 19 horas.

Actividad gratuita, sin inscripción previa. ¡Los esperamos!

¡Celebra con nosotros el Día del Patrimonio 2018!

Dia-del-patrimonio_700-x-440

El domingo 27 de mayo, celebra el Día del Patrimonio 2018 en el Precolombino 🎉

Hemos preparado una programación especial para que vivas experiencias únicas junto a tu familia:

10:00 a 17:00 hrs: Exploradores del Precolombino (actividades para el público familiar)

Te invitamos a recorrer el Museo buscando las figuras de animales que habitan en nuestras piezas. Si las encuentras todas, ¡te llevarás un premio sorpresa! Además, podrás restaurar las piezas del museo en ¡Armemos las piezas! y descubrir a los animales que habitan América en Los colores de la fauna precolombina. (Sin inscripción).

10:00 a 17:00 hrs: Rutas guiadas temáticas con el equipo de mediadores del área de Educación. (Sin inscripción).

Vivir y morir en América precolombina: 10:00,  12:30 y 14:30 horas.

Lo femenino y masculino en América precolombina: 10:30, 13:00 y 15:00 horas.

El poder del vestuario: identidad, prestigio y autoridad: 11:30, 13:30 y 15:30 horas.

Olores y sabores precolombinos: 12:00, 14:00 y 16:00 horas.

10:00 a 17:30 hrs: ¡Gran venta de libros!

Las más prestigiosas publicaciones sobre arte precolombino, arqueología, antropología y literatura infantil, entre otras espectaculares ediciones del Museo, estarán a la venta con descuentos de hasta un 80%.

11:00 y 12:30 hrs: Historia y renacer a la vida: La restauración del Xipe-Tótec

Conoce los detalles del trabajo de restauración de una de las piezas más emblemáticas del Museo. Con Luis Solar, conservador y restaurador del área de Colecciones del Museo. (Sin inscripción).

11:00 y 12:30 hrs: Una mirada desde el buen vivir

Recorrido guiado por la exposición del Portal junto al fotógrafo Marcelo Arriola. (Sin inscripción).

11:30, 12:30, 15:00 y 17:00 hrs: Los tesoros del inframundo

Experiencia única para conocer el trabajo de registro y restauración del área de Colecciones, además de un adelanto a la nueva exposición que prepara el Museo. Cupos limitados, inscripciones en recepción el 27 de mayo.

11:00, 12:30 hrs: Tejiendo historias

Visita a la Sala Textil junto a la curadora Carole Sinclaire. (Sin inscripción).

11:00, 12:30, 15:00 y 17:00 hrs: Texturas, colores y diseños

Recorrido textil por Chile antes de Chile junto a Carla Díaz, coordinadora del área de Educación. (Sin inscripción).

15:00 y 17:00 hrs: Taira, el amanecer del arte en Atacama

Última oportunidad para visitar nuestra exposición temporal, en un recorrido mediado junto a la curadora Carole Sinclaire. (Sin inscripción).

¡Te esperamos!

José Berenguer: “Hasta en el más desierto de los desiertos siempre se encuentra algo”

Pepe_700-x-440

José Berenguer es curador jefe del Museo Chileno de Arte Precolombino y uno de los arqueólogos de la investigación Navegantes del desierto: cuando el cielo se inscribe en el camino, que comprobó la existencia de saywas astronómicas en el desierto de Atacama.

La expedición, a cargo de la historiadora Cecilia Sanhueza, investigadora adjunta del Museo Precolombino, sorteó la altura, aridez y temperaturas extremas del desierto para poder afirmar que las saywas, columnas de piedra construidas hace 500 años por los incas, están relacionadas con los equinoccios, solsticios y otros eventos astronómicos, a través de su alineamiento con el sol al amanecer y mediante la sombra que sus rayos proyectan sobre el suelo.

¿Cuándo comenzaste a trabajar con Cecilia Sanhueza, investigadora de este proyecto?

 El año 2001 invité a Cecilia a trabajar en un proyecto Fondecyt sobre el Camino del Inca en la Región de Antofagasta. Ella no es una etnohistoriadora típica, que se queda en el escritorio trabajando solo con documentos, sino que tiene experiencia en terreno, tiene mucha práctica de trabajar con arqueólogos en campo. En vista de eso, la invité a ese proyecto y después al siguiente, en el primero de los cuales recorrimos el Camino del Inca del valle del Alto Loa centímetro a centímetro, metro a metro. Era la primera vez que se hacía y nos tomó varios meses, fueron más de 150 kilómetros. Ella recorrió ese trayecto palmo a palmo con todos nosotros y en el transcurso de ese trabajo se fijó en las saywas que había junto al camino. Al final terminó haciendo su tesis doctoral sobre este tema. Diez años después, cuando se trasladó de San Pedro de Atacama a Santiago, le ofrecimos que siguiera con su investigación sobre las saywas bajo el alero institucional del Museo. Y ella me invitó a participar en su investigación. Mientras ella se concentraría en las actividades o interacciones entre las saywas y ciertos fenómenos astronómicos, yo haría la arqueología de esos tramos de camino incaico.

¿Cómo fue la experiencia de las idas a terreno?

Bastante buena, porque logramos conformar un equipo muy experimentado. Con el apoyo de BHP/Minera Escondida, montamos expediciones integradas por arqueólogos y también por astrónomos y fotógrafos de ALMA, además de contar con asistencia logística de CONAF. Fuimos a lugares muy altos, y sobre todo desolados, en medio del “Gran Despoblado de Atacama”, que es como llamaron los españoles a esa zona del desierto al verla tan seca, árida e improductiva. En la primera expedición, por ejemplo, estuvimos prácticamente una semana y en todo ese tiempo no vimos a ninguna persona. Un animalito por ahí y algún avión de línea cruzando el cielo, nada más. Para nosotros era un lugar muy especial, porque habíamos leído las crónicas de los españoles que describían este desierto enorme, fiero, donde paradojalmente los incas habían trazado su camino. Nosotros, con equipos del siglo XXI, camionetas, carpas, dispositivos para combatir las bajas temperaturas y todas las comodidades que hoy día existen para este tipo de expediciones, tuvimos problemas con la altura y el frío, y eso que la primera vez fuimos a comienzos del otoño y no durante el invierno. En algunos momentos nadie podía dormir por la puna o “soroche”. Aun con todo ese equipamiento, pudimos percibir algo de lo que deben haber experimentado los españoles e indígenas que pasaron por ahí en 1536 con Diego de Almagro o en 1540 con Pedro de Valdivia. Estábamos acampados en la ladera oriental de la cordillera de Domeyko, un lugar muy interesante, por donde pasaron registrando el camino inca arqueólogos como John Hyslop y Hans Niemeyer a principios de la década de los 80. Pero nuestra aproximación a este eje vial fue diferente a la de ellos, en el sentido de que no nos interesan solamente los tambos, tambillos, chaskiwasis y otros sitios de enlace, sino también las características físicas de la arteria y su trazado específico.

Vaquillas-CST-179Ralph BAJA

Jimena Cruz, investigadora atacameña, realiza un “pago a la tierra” previo a la salida del sol en el equinoccio de otoño. ©RalphBennett

¿Cómo fue para ti el momento en el que logran comprobar la hipótesis de la investigación, cuando sale el sol y se traza una línea perfecta entre las saywas?

Fue un momento literal y figurativamente estelar para todos nosotros. Eso es lo que tiene de fascinante la investigación científica, porque después de las conjeturas, de la teoría, de hipotetizar diferentes maneras de cómo se podría presentar el fenómeno que se está investigando -en el caso de Cecilia Sanhueza, anticipar la posible asociación entre estas columnas de piedra incaica y ciertos fenómenos astronómicos-, lo que todo investigador busca es la evidencia que confirma la hipótesis. Nos preparamos para eso, sabíamos que venía, lo teníamos claro porque eran fechas fijas, una de ellas el equinoccio de otoño que es una de las dos veces en que el sol “pasa” por el Ecuador en su trayectoria por la eclíptica. Fuimos en marzo a Vaquillas, un lugar ubicado más o menos a la altura de Taltal, pero en la alta cordillera. Integraba el equipo Jimena Cruz, que es una investigadora atacameña de San Pedro de Atacama. El timing fue extraordinariamente bueno, porque nos instalamos junto a las saywas de noche, cuando aún estaba oscuro. En un momento la corona del sol comenzó a recortarse en el oriente, en la Cordillera de Los Andes, y Jimena Cruz realizó un rito de “pago a la tierra”, que consistía en hacer una “mesa” ritual andina con hojitas de coca, alcohol y cigarros. Cada miembro participó en la ceremonia. Cuando el último de los 10 integrantes de la expedición terminó de realizar su parte del ritual, justo entonces empezó a salir el sol. Por eso digo que el timing fue perfecto. El sol salió por el cerro Lastarria, perfectamente alineado con las dos saywas. En seguida, la sombra de una de ellas comenzó a proyectarse sobre el suelo  hasta tocar la otra. Fue impactante, salió exactamente como predecía la ciencia. Este es un logro extraordinario. De ahí se origina una serie de nuevas hipótesis, tales como por qué y para qué fueron construidas esas saywas, qué pasa cuando el sol sale, por ejemplo, en el solsticio de invierno o de verano, y la sombra se proyecta hacia otro lado, formando un ángulo con la proyección anterior. Esperamos conseguir fondos para poder continuar con esta investigación.

SalidadelSol-7 BAJA©Pepcandela

Salida del sol en Vaquillas. ©Pepcandela

¿Por qué es posible afirmar que existe un elemento calendárico?

En realidad, no lo sabemos exactamente. Quizás es porque cuando se tiene un ángulo por donde pasa el sol en el solsticio de invierno, el solsticio de verano y los equinoccios, se puede subdividir este ángulo en partes iguales, fijando en el suelo todos los meses del año. Pero nuestra pregunta fundamental es ¿por qué venían a este lugar tan despoblado, tan al sur, a edificar estas columnas de piedra? Es difícil que los incas hayan privilegiado esta zona por la nitidez de sus cielos, como lo hace hoy en día la astronomía mundial, pero la coincidencia en seleccionar esta zona ahora y también hace 500 años no deja de ser una cuestión interesante. Por lo general, lo más importante de la investigación científica no son tanto las respuestas como la calidad de las preguntas. Y esta es una pregunta de calidad, porque apunta al conocimiento sobre la sociedad, el tiempo, el calendario, el espacio y el cielo.

Que son las mismas preguntas que nos seguimos haciendo hoy y que ya se hacían los Inca.

Correcto. En ese sentido, yo diría que hay una gran alegoría. Hoy en la Región de Antofagasta hay una gran presencia de observatorios astronómicos y en Chile se ha ido generando una “cultura de los cielos”, estamos produciendo científicos en un número mucho mayor, que están preocupados de la astronomía. Pero resulta que este no es un tema reciente, sino que, como demostramos con la reciente exposición Taira, el amanecer del arte en Atacama, hace 2.500 años ya había una preocupación por la astronomía. La astronomía no es un tema de unas pocas décadas atrás, sino de hace unos cuantos milenios en Atacama. Con los incas es lo mismo, eso es fundamental decirlo. La astronomía moderna no está directamente ligada a la subsistencia, la economía, la religión y/o la política. En el pasado, en cambio, todo este conocimiento era aplicado para esos fines.

¿Qué destacarías de los logros de esta investigación?

Hay varias cosas. A mí me pone muy feliz el logro alcanzado porque estoy dedicado a investigar la vialidad prehispánica del norte de Chile hace 25 años, desde mi tesis doctoral. Estudiando los senderos troperos, que son vías de circulación que se adaptan a la forma del terreno, o sea, que no son planificados sino que hechos por el trajinar de los transeúntes, me di cuenta que entre las aldeas, que nosotros llamamos “nodos”, había espacios que se consideraban vacíos pero que están llenos de restos rituales, entierros antiguos, ofrendas, petroglifos, incluyendo columnas. Reparamos en que estos espacios eran lo menos vacío que hay. Esa constatación originó el concepto de espacios de internodal que hemos trabajado con otros dos colegas; dejamos de hablar de “espacios vacíos”, estériles o improductivos, que son conceptos valorativos que han dado pie para que los Estados Nacionales superpusieran sus territorialidades sobre las territorialidades indígenas. Los estudios de camino han mostrado que el hecho de que un espacio sea percibido como vacío por la sociedad no significa que para los indígenas también lo sea. Los espacios vacíos o “internodales” nunca están vacíos. Hasta en el más desierto de los desiertos siempre se encuentra algo. Esa es la noción general que este tipo de investigación ayuda a comprobar. Además, aquí hay elementos que dicen relación con el mayor imperio prehispánico de América y con la estructura más grande construida en el continente por las comunidades indígenas: el Camino del Inca.

Entrevista: Oriana Miranda

El arte de ser diaguita en La Serena

Vasija_700-x-440

El arte de ser diaguita, exposición gratuita con más de 170 piezas emblemáticas enfocada en la extraordinaria riqueza, colorido y permanencia de las manifestaciones artísticas de la cultura diaguita, se exhibirá desde el 27 de abril en La Serena.

Taller de Figuras en anillado cruzado

Anillado-cruzado_700-x-440

Las figuras en malla anillada cruzada es una técnica textil tejida con aguja que va generando maravillosas figuras volumétricas o bordadas pertenecientes a las cultura Nazca y Paracas. El objetivo del curso es aprender a elaborar figuras asociadas a los pictograbados de la zona atacameña, inspirados en el arte rupestre de Taira.

El taller, impartido por la profesora Susan Herz Quito, incluye un recorrido por la exposición temporal Taira, el amanecer de arte en Atacama.

Cupos: 15 personas (máximo)

Duración: dos sesiones

Fechas y horarios: sábado 26 de mayo de 10:00 a 14:00 y sábado 2 de junio de 10:00 a 13:00

Valor: $42.000. Incluye materiales, inscripción a la biblioteca del Museo por un año y certificado de participación.

Consultas: Carla Díaz al correo [email protected]

DESCARGA EL PROGRAMA DEL TALLER DE FIGURAS EN ANILLADO CRUZADO

INSCRÍBETE EN EL TALLER DE FIGURAS EN ANILLADO CRUZADO